Cuarto hijo de Santiago Andrés y María Erminda Piazza, nació en Máximo Paz, el 21 de febrero de 1922, localidad en la que inició la escuela primaria, trabando “amistad con un compañero de curso, Rogelio Lovell, cuyo padre era el director del establecimiento; esa relación, devenida en una de las íntimas del poeta, se mantendría durante todo el curso de su vida”. (1)
A inicios de la década del ´30, al radicarse su familia en Rosario, prosiguió sus estudios en la escuela Carlos María de Alvear (Córdoba entre Dorrego e Italia). “En tercer o cuarto grado, una maestra descubrió que no veía bien. La maestra llamó a sus padres y ahí empezó toda una historia: Felipe tenía la vista en queratocono, la córnea en forma de cono y el iris en punta, de modo que no se formaba la imagen en la retina” (2). A raíz de ello, en 1937 su padre lo llevó Budapest, la capital de Hungría, para que le recetaran y fabricaran lentes de contacto especiales para superar esa limitación ocular que le signaría la vida.
Empedernido lector, con vocación por las partidas de ajedrez y con inclinación por la buena música, en particular la clásica (Beethoven), el “Negro” Aldana – como se lo conocía íntimamente – en los ocasos de la década del ´30 y no obstante frecuentar el local de la Unión Socialista Libertaria, fue uno de los organizadores de la Juventud Socialista de Rosario.
Pronto constituiría el primer teatro de títeres de Rosario, Retablillo de Don Cristóbal Calabazas, con “el nombre de la compañía de una obra de Federico García Lorca, cuyo trágico fin durante la Guerra Civil Española estaba muy presente en los escritores del momento. La idea fue de Rodolfo VINACUA, que contaba con la experiencia de haber hecho teatro de títeres en la Escuela Serena de las hermanas Olga y Leticia Cossettini y se había relacionado con el gran titiritero Javier Villafañe. Además, “a los doce años ya había escrito una obrita para títeres, incorporada a nuestro repertorio y titulada “Rantuplín”, recordó más tarde Eduardo Juan Eugenio CHORT, otro miembro del grupo”. (3)
El elenco del Retablillo lo componían todos socialistas, completándose con José “Pepe” TREVIÑO, Fulton Marcelo GOROSITO, Norberto CASTILLO, y Mario DANNI, además de CHORT y ALDANA. Según CHORT, “este núcleo se encargaba de todo lo esencial: “dirección, administración, obras nuevas inéditas, adaptación, modelado, restauración, copias a máquina, organización de las funciones”. En la periferia, encargados de tareas accesorias o bien como compañía, circulaban entre otros las hermanas Olimpia, Florita y Porry IACCHINO, Luis Mario LOZZIA (más tarde periodista del diario La Nación), Juan Miguel CASTILLO, Miguel ANDRADE y los pintores Oscar Herrero Miranda, Hugo Ottmann e Isolde Schmidt, quienes “interpretaron algunos telones que incorporamos al repertorio”, según CHORT. Además “había que fabricar los títeres y coser los vestidos: los nuestros eran títeres de guante, de cachiporra, no marionetas - cuenta Norberto CASTILLO -, el títere se podía modelar sobre cualquier cosa, pero habitualmente lo hacíamos sobre un mate, con papel maché remojado unos cuantos días; agregábamos algún vinagre, ácido acético, para que no se pudriera, se hacía una pasta con papel y harina y ahí se modelaba”. (4)
El núcleo principal del Retablo provenía del Colegio Normal 3, y eran habituales concurrentes a la Biblioteca del Centro Socialista, donde los sábados a la tarde se organizaban revistas orales y diferentes actividades con sentido cultural: “La biblioteca funcionaba como lugar de reunión, donde también se hacían las reuniones del Partido, y aparte iba la gente del barrio, los chicos. A algunos hasta les obligábamos a hacer los deberes. No éramos unos bichos raros que hacían títeres y política, sino parte de los vecinos”. (5)
ALDANA participó de la etapa inicial del Retablo, cuyas actividades se prolongaron al menos hasta 1953. Hasta 1944, la compañía ya había dado más de sesenta funciones: “Cargábamos el teatrito en un colectivo - dice CASTILLO -, con una lona que lo envolvía, y nos íbamos a algún pueblo. Eran relaciones que se hacían sobre todo con las cooperadoras de las escuelas: siempre había alguna maestra que nos conocía, o que nos había visto en alguna parte, o que sabía de nosotros por las hermanas Cossettini. Entonces nos llamaban, nos decían que estaban dispuestas a pagar el pasaje; nosotros nos arreglábamos con eso y con la comida. Lo hacíamos con toda vocación de llevar los títeres”. (6)
Las obras estaban precedidas de una representación, a cargo del propio Don Cristóbal Calabazas, titulado “titiritero de ley y amigo de los niños”. CASTILLO recordó que “muchas veces ese parlamento previo, que siempre cambiaba, era de Felipe. Tenía además muy linda voz, y entonces hacía ese personaje”. (7)
En su segundo año de existencia, el diario La Capital le otorgó la primera página de la Segunda Sección: “Rosario cuenta con un teatro de títeres de real jerarquía artística. Nos referimos al “Retablillo de Don Cristóbal”, feliz creación de un grupo de jóvenes que, desde hace más de un año, viene provocando, con la gracia de los muñecos, el florecimiento de las sonrisas de grandes y niños”.
Tras afirmar que no se trataba “de una improvisación, de un pasatiempo”, sostuvo que, “al contrario, quienes han asumido la responsabilidad de conducirlo han llegado hasta él luego de una ardua tarea, siguiendo el impulso de una firme vocación. Porque el ser titiritero exige conocimiento, habilidad manual y de expresión, sentido del arte y del juego escénico y, más que todo, un fervoroso entusiasmo”.
Por eso, La Capital concluía que “captar de la vida expresiones de interés, iluminarlas con la fantasía y embellecerlas con la gracia para llevarlas a una forma teatral especialísima, como la que exigen las figuras de pasta, significa una labor ímproba, plena de dificultades, que sólo pueden ser superadas cuando se cumple la tarea con amoroso empeño”. (8)
Este es uno de los textos escritos por ALDANA para Don Cristóbal Calabazas:
Un camioncito lo trajo
una esperanza lo alienta
una estrella lo ilusiona
un pan de ayer lo alimenta...
Por caminos polvorientos
rodeado siempre de estrellas
Don Cristóbal Calabazas
viajero va en camioneta.
Se distingue por la barba
vencedora de tinieblas
por su calvicie que tiene relumbrones de linterna...
Cuando llegó a este lugar
fue quizás por vez primera
y al irse todos dirán:
que se quede don Cristóbal...
que se quede o que vuelva...!
Y así el viejito se va
Diciendo: Adiós, ¡hasta siempre!
Eso dice don Cristóbal...
Y entre telones se pierde.
ALDANA falleció el 31 de diciembre de 1970, de cirrosis. En su recordación, la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario, a través de la Editorial Municipal, ha instaurado el Concurso Felipe Aldana de Poesía, del que pueden participar escritores nacidos o con una residencia mayor de cinco años en Rosario.
(1) Aguirre Osvaldo, Felipe Aldana, obra poética y otros textos, Ed. Municipal Rosario, 2001.
(2) Aguirre Osvaldo, Felipe Aldana, obra poética y otros textos, Ed. Municipal Rosario, 2001.
(3) Aguirre Osvaldo, Felipe Aldana, obra poética y otros textos, Ed. Municipal Rosario, 2001.
(4) Aguirre Osvaldo, Felipe Aldana, obra poética y otros textos, Ed. Municipal Rosario, 2001.
(5) Aguirre Osvaldo, Felipe Aldana, obra poética y otros textos, Ed. Municipal Rosario, 2001.
(6) Aguirre Osvaldo, Felipe Aldana, obra poética y otros textos, Ed. Municipal Rosario, 2001.
(7) Aguirre Osvaldo, Felipe Aldana, obra poética y otros textos, Ed. Municipal Rosario, 2001.
(8) La Capital, edición del 16 de julio de 1944.
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