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Archivo - Biografías

Bonaparte Guillermo
Militante de
Santa Fe, y Paraná
CCE
33.693
Foto Nº
PS-0389-S
Día corrección
31-12-2008

Hijo de Luis y de María Inés Zapata Hernández, nació en Paraná, Entre Ríos, el 24 de mayo de 1894. Cursó sus estudios en el Colegio Nacional de Santa Fe, donde se recibió de abogado en la Universidad Provincial en 1918, título reconocido inmediatamente por la entonces novel Universidad Nacional del Litoral en 1919, versando su tesis sobre El libre albedrío y la responsabilidad criminal.

Fue activo participante de la agitación estudiantil que precedió al movimiento reformista de Córdoba en 1918, que aspiraba a la nacionalización de la Universidad y la supresión de las Academias vitalicias.

Ese mismo año solicitó, con otros egresados de la Facultad de Derecho, que se reconociera a los graduados el derecho de designar a quien hablaría por ellos en la colación de grados, y que se estableciera el juramento optativo o se eximiera de prestarlo al que no lo considerara necesario.

Luego de una breve militancia en el PS, pasó a Paraná, donde el 30 de junio de 1920, contrajo matrimonio con María Eugenia Acosta, unión de la que nacieron Laura Beatriz (integrante de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora), María Eugenia, Alicia Raquel*, Aída Esther, Rafael Carlos, y Guillermo Luis.

* Falleció en el invierno del ´69, quien “durante su vida se dio con pasión e inteligencia a la tarea de difundir enseñanzas. En el quehacer de todos los días cumplió su misión educadora en la Escuela Normal Mixta Juan B. Alberdi, y durante el último gobierno constitucional representó a la provincia en la Junta de Enseñanza Media, librando batallas contra el fanatismo religioso, honrando siempre la memoria de su padre, y poniendo su cátedra en función de ideas y principios renovadores que desgraciadamente la muerte tronchó definitiva y prematuramente. La FSD tucumana adhirió a las honras tributadas a la compañera desaparecida y expresó su hondo pesar a los familiares”. La Vanguardia, 20 de agosto de 1969.

En enero de 1919, el gobierno de Entre Ríos lo designó Fiscal del fuero civil y criminal, puesto en el que se destacó con títulos de tanta relevancia, que en 1921 fue promovido a Juez de primera instancia en Concordia, y reelegido en 1925.

Por Decreto del 20 de noviembre de 1927, el Gobierno de Entre Ríos lo nombra vocal (Sala en lo Criminal) del Superior Tribunal de Justicia, y la prensa juzgó la designación: “El Dr. BONAPARTE es un magistrado joven y talentoso que ha prestigiado nuestra justicia con la ponderación de su espíritu, su ecuanimidad y rectitud de juicio”. (1)

Desde La Vanguardia, se afirmó: “el nombramiento, que sería acertado y justo, privaría al foro de Concordia de un funcionario laborioso y de relevantes condiciones, que goza de generales y amplias simpatías”. (2)

Integraba este cuerpo cuando en 1933 y a raíz de la reforma constitucional, se encargó a los jueces la organización y calificación de las elecciones. Además, fue autor de un proyecto de Código de Procedimiento en lo Criminal, que efectuó por encargo del Gobierno Provincial.

En ejercicio de la presidencia del Superior Tribunal, se destacó por su probidad e inteligencia, condiciones a las que deben agregarse las de estudioso y ecuánime.

Tras participar de distintos movimientos a favor de los Aliados durante la segunda guerra mundial, en noviembre del ´42 suscribió una resolución de la Sala en lo Criminal denunciando una conspiración contra el régimen democrático. Producida la revolución del 4 de junio del ´43 e intervenido el gobierno de la provincia de Entre Ríos donde BONAPARTE presidía la Corte Suprema de Justicia, faltándole muy poco para jubilarse, renunció a su cargo en forma indeclinable el 7 de junio: “Llevo casi veinticinco años de magistratura en esta Provincia. He vivido con el honor del libre ejercicio de mi ciudadanía, y he podido asegurarlo a mis comprovincianos desde que todas las fuerzas políticas del Estado confirieron a los magistrados, el control sobre las elecciones y el juicio sobre su validez. Tales antecedentes me crean una total inhabilidad moral para seguir ejerciendo mis tareas en colaboración con la autoridad surgida de un acto de fuerza, tan insólitamente arbitrario que hasta rehúsa la publicidad de sus fundamentos”. (3)

Antes de la renuncia, había acompañado al Gobernador “durante el acto de resistencia (al golpe militar) simbólica de trascendencia histórica” (4). El gobierno fascista le rechazó la renuncia y lo separó del cargo.

Reinicia su actividad profesional y su militancia en el PS. Hace periodismo, con lo cual engrosa su prontuario policial.

Es detenido en Paraná acusado de desacato, el 26 de mayo de 1944 y alojado en Villa Devoto, donde quedó encerrado por quince meses. Cuando sale en libertad absoluta - pues se negó a aceptar ninguna restricción a la misma -, contando con una condena de primera instancia a sufrir la pena de tres años de prisión, fue impedido por tres meses de volver a su provincia, y se le suspendió por un mes en el ejercicio de su profesión de abogado ¡Hasta vendió seguros para allegar el pan diario a su hogar, pero jamás se quebró!

A partir de entonces se le iniciaron más de diecisiete procesos en ambas jurisdicciones, entre ellos, uno por desacato que se le formó por denuncias del General Humberto Sosa Molina, hasta que fue nuevamente a la cárcel.

En 1951 fue candidato a gobernador de Entre Ríos por el PS. Volvió a ser detenido el 14 de abril de 1952. Su permanencia en la prisión de Paraná, motivó una gran agitación en la provincia. Las constantes visitas de amigos y admiradores, de delegaciones políticas, obreras y juveniles, hicieron que su encierro se conociera en todo el país: “la personalidad de nuestro distinguido militante ha logrado destacarse a través de una actuación pública y privada que pone de relieve, tanto como su capacidad y contracción, una conducta firme y ejemplar. Magistrado judicial durante largos años y casi en condiciones de obtener su jubilación, rechazó la imposición de la fuerza y volvió al hogar modesto pero honorable, para emprender, sin quejas pero altivamente, la lucha por la existencia. La opinión pública de Entre Ríos comprendió el gesto viril del magistrado, que se mostraba así digno de su alto ministerio y sabía probar con su propia actitud que había administrado justicia no sólo con apego al texto escrito del derecho, sino con la autoridad moral que enaltece y afianza la ley.

Su labor en las filas del PS lo acredita como un militante enérgico y fervoroso. Ha merecido reiteradamente la confianza de nuestros compañeros, que lo eligieron como candidato a gobernador, diputado nacional, provincial, etc. En el Centro local y en la Federación, tanto como en el periodismo o en la tribuna pública, supo siempre hacer honor al Partido, singularizándose como un estudioso serio y concienzudo, a la vez que como expositor eficaz y valiente de nuestras ideas.

Los procesos que hoy pesan sobre él demuestran cabalmente que ha cumplido con su deber, sin renunciamientos ni debilidades”. (5)

El Consejo Nacional del PS del 7 y 8 de junio del ´52, reunido para tratar la situación política e institucional del país, le expresó a BONAPARTE su “más amplia solidaridad con su conducta ciudadana y dignidad cívica: ejemplos de coraje civil, como el que Ud. está dando en estos momentos al país, merecen y deben destacarse. En defensa de las libertades abolidas y derechos conculcados, Ud. escribe, con su altiva conducta ciudadana, una página brillante de la historia argentina, que el Partido valora en toda su trascendencia”. (6)

Justo José MIRANDA y Edgardo ROSSI le entregaron en mano el documento del Consejo Nacional, y desde la cárcel BONAPARTE responde: “Cohibido por los conceptos busqué serenidad en el tiempo y me acogí sin violencia a la incomodidades del encierro. Pero era preciso contestar algo a la voz del Partido. Y así llego a ustedes por estas líneas, desarmado de cualquier pretensión. Es que el Socialismo nació en Argentina como una doctrina completa, como ciencia y como filosofía, explicando hechos, ofreciendo soluciones y sentando reglas de conducta. Postulando el hombre integral, debía exhibir el individuo altruista, con sentido de la solidaridad responsable y consecuente que había de hacer efectivo el socialismo. Mientras que las reformas colectivas le eran difíciles por razones numéricas, esta otra, de carácter individual, resultaba factible. Y a fe que el Socialismo Argentino probó su capacidad, su aptitud para formar hombre. Desde el militante casi desconocido, cuyo valor se suma en proporciones inciertas en el futuro de la especie, hasta el dirigente que se impone en el medio social y cuya significación positiva es indestructible. No es extraño entonces que un socialista viva sus convicciones, y como las circunstancias en que debemos actuar no son generalmente creadas o elegidas por nosotros, no debemos anotar en nuestro haber como mérito personal lo que  es característico de una doctrina o de una escuela. El elogio de Uds., demasiado generoso para el individuo, se vuelve ponderación justiciera del núcleo”. (7)

En la Cámara de Diputados de la Nación, Carlos H. Perette (UCR) ingresó un pedido de informes para que la Cámara de Apelaciones de la Justicia de Paraná, expida testimonio de todos los escritos que motivan el procesamiento de BONAPARTE, “eminente ciudadano que prestigió la magistratura judicial de Entre Ríos, y honra a la militancia cívica con su autoridad moral y ejemplar dignidad republicana”. (8)

A los dos meses, la prensa paranaense destacó que su “prestigio ha trascendido los límites de la Provincia. El Diario – hoy como siempre –, lo recuerda con emoción, con respetuosa y amistosa consideración”. Y pronto se constituyó una comisión provincial de amigos para organizar un acto público en su homenaje, donde hicieron uso de la palabra Eduardo Laurencena, Nicolás REPETTO, Luciano F. Molinas, Arturo Etchebehere, Carlos H. Perette, y Alfredo L. PALACIOS, quien además se solidarizó con el compañero perseguido a través de una breve esquela: “Mi querido amigo: Con un fraternal abrazo exprésole mi admiración por su noble y valiente conducta. Ud. da un ejemplo a los jóvenes que en toda hora incierta necesitan estímulos para su acción. Lo acompaño con toda el alma”. (9)

Y al cumplirse los ocho meses de cárcel, El Diario afirmó: “Claro como la lección de un buen padre; firme y fuerte como un árbol añoso de la selva patria; consecuente, en la palabra y en los hechos, como un varón hidalgo de las mejores épocas, así está Guillermo BONAPARTE en la cárcel, diciéndonos con su conducta que hay que seguir creyendo en los valores morales y en las reservas espirituales de la humanidad.

Este era un juez probo, un enhiesto juez, erguido como su talla e insobornable como su ideal. Nadie pudo decir jamás, mientras él estuvo en los estrados, que soportaba rejas injustamente. Nadie pudo acusarlo ni siquiera de una sentencia salomónica pero inhumana. Este era un juez que renunció cuando creyó que no podría administrar justicia con los ojos vendados, y se restituyó al simple lugar del ciudadano, del ciudadano pobre, para luchar por el imperio de la verdad en la calle, en la plaza, sin togas ni jerarquías – aparte la moral –, sin inmunidades y sin ventajas.

BONAPARTE es un libro abierto. En él deben deletrear una lección de civismo los muchachos. BONAPARTE es un espejo. En él deben mirar su rostro los ciudadanos de la República. BONAPARTE es un maestro: donde está él se levanta una cátedra”. (10)

Una amnistía extinguió estas acciones penales, pero nunca le fue notificada la resolución pertinente. Una causa en la Justicia ordinaria esperó por años la resolución definitiva.

En 1953, sus amigos le obsequiaron un álbum con expresiones de simpatía y respeto, entre las que observamos: “Por su hombría de bien; por la rectitud de su conducta; por la probidad de su pensamiento; por la fe de sus convicciones; por la dignidad de su civismo; por su amor a la justicia; por su defensa de la libertad; por su espíritu de sacrificio; y por su alto ejemplo de austeridad, de fervor, y de sentido ético de la vida”. (11)

Innumerables son los ejemplos simples de este grande del socialismo que guardarán eterna vigencia para los militantes de la libertad, la solidaridad y la ética universal: “cuando más le apremiaba la falta de recursos pecuniarios, un Centro Socialista le pide concurrir a dar una Conferencia y le manda el importe del pasaje de ferrocarril en primera clase; él viaja en segunda, y al llegar devuelve la diferencia del importe del boleto a sus compañeros, para que puedan sumarla a sus magros recursos dedicados a la difusión del ideal”. (12)

En 1955, el gobierno surgido de la Revolución Libertadora le ofreció retornar al Superior Tribunal de Justicia, pero se negó porque ese no era el camino constitucional y ético para acceder al cargo; no obstante, aceptó como un deber cívico prestar su concurso como presidente de la Comisión Provincial Investigadora de las irregularidades y delitos cometidos en Entre Ríos por la tiranía.

BONAPARTE utilizó la pluma como un estilete, tanto para abrir cerebros como para defender su derecho a la libertad de expresión. Así, en Un país sin justicia, que no fue uno más de los tantos libros que luego de la Revolución Libertadora vio la luz, documentó la historia que padeció al plantarse frente a todo el aparato represivo y judicial de la tiranía desde su mismo comienzo.

A través de ese libro, BONAPARTE historió toda la abyección de los jueces que se habían postrado por cobardía o venalidad, y proclamó con la autoridad que le daba su condición de hombre libre, lo monstruoso de un Poder Judicial sin Justicia, y como lógica consecuencia, el desmoronamiento de todas las instituciones legales, convirtiendo al libro en un verdadero documento para la historia.

Resaltando los valores de BONAPARTE, en el prólogo del libro, Alicia MOREAU de JUSTO afirmó que “cuando un hombre llega a ser para sus conciudadanos un ejemplo digno de ser seguido, su conducta personal deja de pertenecerle, se convierte en un bien común, en parte constitutiva del ambiente social que, en un momento determinado, da fisonomía propia y valor histórico a una generación y a su época.

Guillermo BONAPARTE es uno de esos hombres. Él pertenece a la Resistencia, a ese proceso que unió estrechamente a los argentinos que se reconocieron a sí mismos como incompatibles con la dictadura y sintieron hondamente, desde el primer momento, la necesidad de combatirla. Constituyeron una categoría moral ajena a las consideraciones de clase, a los intereses personales, a las diferencias de creencias y de sexo, basada esta categoría – tan esencial que puede parecer casi orgánica – en la convicción de que la vida es imposible en una atmósfera privada de libertad”.

Alicia MOREAU finalizó sus consideraciones expresando que “la obra y la conducta de Guillermo BONAPARTE serán para los jóvenes de hoy y de siempre, una admirable lección de moral”. (13)

Fiel a sus luchas juveniles, fue un ardiente defensor de la enseñanza laica y de la Ley 1420: “En esta materia, tocole a BONAPARTE romper lanzas muchas veces con los poderes públicos adictos al tirano (Perón), y  con los que se instalaron más tarde (Frondizi) e inflingieron al régimen de dicha ley el golpe de muerte”. (14)

En el PS ocupó cargos directivos, y además de candidato a gobernador de Entre Ríos, lo fue a diputado provincial y nacional, y a convencional constituyente.

Guillermo BONAPARTE falleció el 16 de diciembre de 1961, en Paraná. En representación del Partido despidió sus restos Francisco J. MORENO: “No fue catedrático que en aulas teoriza, o el que poseído de una cultura superior, se envuelve en túnica dorada que deslumbre, sino que predicó con el ejemplo. Aprendió del maestro del socialismo, de Juan B. JUSTO, ‘que en igualdad de condiciones, quien menos impone su persona, más impone sus ideas’ … Modesto, sencillo en su forma, cautivante, exponiendo ideas de renovación social, luchando por la felicidad del pueblo y de los trabajadores, administrando justicia, rebelde a todo lo que se oponga al progreso o a las ideas de libertad, pero respetuoso del concepto del sentimiento ajeno; quiso reformar; quiso un mundo mejor”. (15)

En nota necrológica, la prensa señaló que se destacó en la justicia “por su probidad e inteligencia, condiciones a las que deben agregarse las de estudioso y ecuánime, que lo hicieron un magistrado ejemplar”. (16)

“La Patria, en lo que tiene de más acendrada vocación de libertad, y de íntimo volcarse solidariamente hacia un porvenir más justo, más cabalmente progresista, y más hecho de cordial comprensión de la unidad en la diversidad de los caracteres, está de luto” (17) por la muerte de BONAPARTE.

En una acabada semblanza de su vida, El Diario, de Paraná, expresó que “no es frecuente que en nuestro joven pueblo pueda encerrarse un arquetipo del fuste, condiciones y ascendiente de este hombre probo y sin reproche que por su sola presencia otorgara insigne prestigio a la judicatura primero, al magisterio tribunalicio luego, y a la ciudadanía libre en última y suprema instancia, coronando una vida de constante y densa docencia civil, de la que perdurará un recuerdo perpetuo y excelso.

Su ejemplo de acción intelectual, de influjo espiritual; su proceder sin tacha, generoso, austero hasta los más elevados niveles del desprendimiento cuando así pudo dar una lección de decencia y de vigorosa conciencia moral, lo situaron en una de las más expectables cumbres de la consideración general.

Fue desde su más lejana juventud afiliado al PS por convicción intelectual y, sobre todo, por libre albedrío de una conciencia despertada al razonamiento positivo y al contraste de ideas en un momento de la vida cívica argentina regido más por acicates de temperamento y por emociones sentimentales que por principios científicos, recién despertadas las conmociones cívicas al debate público por algunos pocos y prominentes teorizadores a quienes se estimó los continuadores de las doctrinas mentales de que se hallaba impregnada la gloriosa pléyade de los fautores de nuestra independencia y los más autorizados precursores de la organización nacional. Por lo mismo que fue consecuente con sus preferencias partidarias, su autoridad en todas las materias de su actuación adquiría un valor insospechado y jamás se le discutió.

En el desempeño de su magistratura, BONAPARTE, elevándose majestuosamente sobre todas las parcialidades y sobre algunas convicciones íntimas, tal vez ocasionales, que no hicieran al espíritu de las leyes, fue el juez comprensivo, bondadoso, tolerante y erudito, imbuido de las más avanzadas teorías penales, cuando asumiera cargos del fuero respectivo y de las más recientes conquistas del derecho civil y laboral, cuando fuera llamado - trabajador polifacético, infatigable y ejemplar - a dilucidaciones jurídicas de ese orden. Tolerante hasta el exceso con las ideas ajenas e intransigentes hasta la exageración con las propias, su larga existencia prematuramente tronchada a los 67 años, fue una continua y deslumbrante exposición de las doctrinas liberales contemporáneas. No fue ajeno a ninguna de las inquietudes que conmovieran al mundo o que agitaran las reformas recientes, pero todas pasaron por el tamiz riguroso de sus convicciones, de su lente brillante y de sus conceptos íntimamente humanos del pensar y del proceder”. (18)

En su testamento escrito, afirmó ser ateo, amar la vida, querer vivir, y no temerle a la muerte: “Creo haber cumplido con mis deberes humanos fundamentales, los percibidos por mi mediocridad. No dejo tarea conocida cuya inejecución pueda crearme la desesperación de vivir más tiempo para realizarla.

No padezco ansiedad ni angustia. Estoy limpio de odios, lleno de amor.

Soy un individuo. Pero no me considero extraño a los demás. No elegí la época para nacer. Tampoco a quienes serían mis padres queridos. No fueron obra mía mis admirables hermanos. Ni la compañera que integró mi vida. El amor no es mera relación externa sino, también, transformación fisiológica pero no exclusiva de la mujer: llevo algo en mí de la insuperable compañera. Quisimos hijos y resultaron magníficos. Se complementaron con igual acierto. Y fructificaron maravillosamente. La familia se amplió, fuera de la vinculación de sangre, con otras personas que llegaron a nosotros por razones de trabajo y fueron ejemplo de desinterés y solidaridad. Encontramos amigos de exquisita esencia humana, que reflejaron sobre nosotros sus virtudes. De lejos, en el tiempo y en el espacio, nos llegó la obra de los nombres, realizada sin destino particular, sin dedicatoria personal, sembrada para provecho de todos. El particularismo patria no logró ahogar lo universal: hombre. Existe, pues, una base personal, obra de otros, que ha ido integrándose, transformándose. Perfeccionándose, también, con la obra de otros. Hallado el camino de la igualdad, he querido recorrerlo con el socialismo.

Mi formación filosófica excluye el resentimiento. Las instrucciones que siguen son producto de una profunda convicción que quiero ver materializada sobre sí mismo. Lamento contrariar sentimientos arraigados, viejas costumbres de aquellos sobre quienes pesará el encargo. Pero se trata de una tarea que está fuera de mi ciclo vital, o que puede quedar fuera de mi conciencia, y debo encomendarla.

Siempre he sido pobre. En caso de ser necesaria mi internación, por razones de salud, deben llevarme a un hospital. Quiero sufrir, curarme o morir como los pobres. Si el pronóstico fuera fatal a breve plazo, autorizo a los señores médicos a realizar, sobre mi cuerpo vivo, las investigaciones que consideren útiles a su ciencia. Un poco más de dolor no agrega nada a la muerte.

No quiero velatorio. Ni acompañamiento, fuera de los hombres necesarios para transportar las cuatro tablas reglamentarias y depositar el cadáver en una fosa. No se pondrá sobre la misma señal alguna que la identifique.

La muerte, igual para todos, no tiene particularidad que exhibir. La vida no es luz que pueda prolongarse con cirios. Se acompañan los vivos pues los muertos no tienen presencia. La tumba no nos mejora en proporción de su costo. El cementerio acoge el no ser, la nada, lo que no sirve. Le dan jerarquía los sentimientos de los sobrevivientes. Pero el amor familiar, la devoción amistosa tienen su campo propio en los recintos privados que conocieron la intimidad.

Lo bueno y lo malo que haya realizado, si de cierta magnitud, perdurará en los vecinos que me sobrevivan, como alegría o como dolor. Se sumará o compensará con acciones semejantes de otros hombres y perderá, con el tiempo, el signo personal. El mundo moral sólo conserva muy pocos nombres, los sobresalientes que marcan jalones en la historia humana”. (19)

Al mes de su fallecimiento, Salomón WAPNIR publicó hermosas pinceladas de la semblanza del compañero de luchas e ideales, destacando que BONAPARTE fue “un raro ejemplar de hombre bueno y optimista, que confiaba en las grandes reservas humanas; que vivía afirmado sobre los inconmovibles valores morales, sostenido por la luz de los ideales más puros, alentados por el advenimiento de una era de justicia y de concordia … Su paso por la vida fue un tránsito fecundo, de voces claras y valientes; de gestos que se recuerdan por su sinceridad; de enseñanzas que perduran por su hondura; de ejemplos que se mencionan por la integridad con que fueron sostenidos, afrontando pruebas dolorosas, amargas y difíciles, de esas que quiebran muchos espíritus y doblegan no pocos caracteres.

Fue un luchador en el campo de las ideas, persiguiendo sin tregua, la mentira y la hipocresía, sin más armas que la pluma y la palabra; sin otro terreno que la tribuna y el periódico, y sin más recursos que su pureza puesta como un escudo, y su corazón de hombre puro e idealista, alzado como una bandera … Su vida fue siempre un ejemplo vivo de las más hermosas prendas que pueden adornar al hombre; devolvió con una sonrisa y con una palabra comprensiva, todas y cada una de las ingratitudes que recogiera en su camino; abrazó con desinterés y con amor, la causa de los débiles y de los humildes, a cuyo servicio mantuvo siempre abiertas las puertas de su casa y de su estudio, y la juventud y la ciudadanía toda pudo espejarse en su ejemplo cuando, con valentía y sin alardes declamatorios y espectaculares, soportó cárcel y pobreza, en los tristes años del eclipse de nuestras libertades esenciales”. (20)

En el primer aniversario de su fallecimiento, se realizó en el Ateneo Luis Etchebehere, de El Diario, de Paraná, un acto de homenaje a su memoria, donde Américo GHIOLDI fue el orador de fondo.

Para el segundo aniversario, El Diario lo recordó afirmando que “la suya fue la dulce fiereza de los que se trazan un objetivo trascendente en la vida y lo cumplen a toda costa. Fue la voluntad ejercitada con fuerza humana y antojo de semidiós o, en todo caso, de héroe olímpico que nada entre gigantes y follones y los retuerce sin miedo. Pero pisó siempre en la tierra y muchas veces se le pegó el barro. Pisó en la tierra y no en una nube o en muelles de alfombras. Se entregó a los problemas de la tierra porque estaba al lado de los hombres y no apegado a los ángeles. Los ángeles no necesitan quién se les aparee porque ya tienen resueltos todos sus asuntos. Los hombres no. Y Bonaparte eligió la suerte de los hombres porque su carne estaba henchida de humanidad y tenía un alma buena, un alma de ángel que anda entre los hombres.

Poseía la palabra de un hombre cabal, justo, sin excesos pero sin retaceos. Era severo cuando se ponía frente a un esbirro o a un miedoso, pero tierno cuando hablaba con un obrero o acariciaba a un nieto. Su sonrisa se adelantaba a su palabra y se reía abiertamente de lo que, de tan pobre cosa, hacen llorar a otros. Era misericordioso con los demás  pero implacable consigo mismo. Siguió siempre la línea recta y se clavó, tan alto como su estatua, semejante a un mojón o a un hilo, para decir a sus contemporáneos: la conducta de un hombre que quiere convencer a otros hombres, debe ser el prólogo de toda palabra, de todo argumento, de todo alegato.

Estudió el Derecho porque creía que la ley, organizada en códigos y puesta como valladar de los excesos, de las pasiones y de las inconsciencias, es la confluencia de las voluntades aplicadas al bien. Pero quiso la ley no administrada por jueces deshumanizados, sino insuflada de justicia. La justicia común, la de los estrados, la de los cartapacios, la de los expedientes gordos, es apenas una parte de la justicia. Pero la justicia distributiva, la que da igualdad de posibilidades, la que pone a todos en el nivel común para la posterior elevación, esa fue la justicia de Guillermo BONAPARTE. Por eso se hizo socialista desde joven y murió en el socialismo activo, militante, sin treguas, sin cálculos electorales, enfilado a la dignificación del pueblo todo y a la paz social con el presupuesto de la libertad.

Cuando fue juez, tuvo la inquietud constante de reformar las prácticas penales y no se caló un birrete para sentir las caricias de la borla sino para tocar la llaga abierta en el costado del hombre por el vicio, el hambre, el egoísmo y la miseria. Y alguna vez, hablando a los presos de una cárcel, les dijo estas palabras: “No os trataré de señores porque resultaría extraño y molesto por la vida de sujeción que lleváis; no os diré ciudadanos, porque os faltan los elementos fundamentales de la ciudadanía: libertad y sufragio; ni emplearé la palabra penados, porque quiero hablar sobre lo que debéis hacer, no sobre lo que habéis hecho”. He aquí la comprensión del hombre de ley; he ahí la misericordia de que hablábamos.

Luego estuvo preso él. Su delito fue querer la libertad y la dignificación del hombre. La prisión encendió su dulce fiereza. Preso o libre luchó por un ideal. Nos alumbró los caminos”. (21)

Para el año del tercer aniversario, se constituyó la Comisión Popular de Homenaje a Guillermo BONAPARTE que, presidida por Carlos A. Victorín, la integraron – entre otros – José O. NUX y Elio C. LEYES, la que decidió “el emplazamiento de un busto de bronce sobre pedestal de piedra blanca en el centro de la plazoleta Mansilla, sobre la calle Santa Fe, frente al nuevo edificio de los Tribunales, considerando que esa ubicación crea un simbolismo de exacta significación con la presencia de la efigie de quien representara a la dignidad de la justicia democrática e institucional” (22), iniciativa que contó con el voto unánime del Concejo Deliberante, en reconocimiento “al eminente ciudadano y gran juez”.

En la oportunidad usó de la palabra Carlos O. Victorín: “Hay hombres a los que se recuerda por un gesto, una acción heroica, o una serie de hechos que otorgan relevancia a sus vidas. Guillermo BONAPARTE es una actitud frente a la vida; es un magisterio permanente; es una lección constante en una civilidad; es una conducta. Vivir una vida conforme a las convicciones arraigadas en largo meditar, sin un desfallecimiento en el heroísmo estoico y callado de todos los días, es el máximo paradigma que se puede dar a un pueblo que aspire a vivir en los más altos niveles de la dignidad”. (23)

Varios años después, Julio GONZÁLEZ LÓPEZ lo recordó desde La Vanguardia como “una de las figuras más prestigiosas del foro entrerriano por su versación jurídica y la rectitud de su conducta.

En 1943 ejercía la presidencia del Superior Tribunal de la Provincia de Entre Ríos. Era tal su rectitud que, para ejercerla, renunció a su filiación política; era socialista. La Justicia, había dicho, no puede ni debe ser sospechada de parcialidad. En junio, cuando los victimarios de la legalidad constitucional pusieron fin a nuestra vida republicana, no solo renunció a la presidencia del Superior Tribunal, sino al ejercicio de su profesión de abogado, porque entendía que la justicia no podía ser distribuida por jueces empleados. Se reintegró al Partido y multiplicó su acción política. La segunda tiranía, que no pudo doblegar la fortaleza de su carácter ni la firmeza de sus convicciones, lo encarceló; pero todo fue en vano, él tenía la reciedumbre del quebracho nativo y permaneció de pie. Tenía fe en el derecho y en la justicia, porque entendía que sin estos dos términos de la ecuación, la vida humana no tiene sentido. Esta convicción y el deseo de difundirla entre el pueblo, lo llevó a aceptar la candidatura del Partido a la Vicepresidencia de la República y a convertir la tribuna pública en cátedra de Derecho en un país sin justicia.

La Revolución Libertadora lo reintegró a la vida del foro, pero en 1958, producido el triunfo del frondicismo, la abandonó nuevamente, porque entendió que la reposición de los jueces empleados, una de las exigencias del acto, le creaba de nuevo una incompatibilidad moral y el hombre de leyes se hizo agente de seguros para subvenir a las necesidades del hogar.

La lucha no fue fácil para este hombre singular que había pasado la mayor parte de su vida en el estudio y en el ejercicio del derecho, pero su sentido de la vida y de la dignidad humana le señalaron el deber de mantener en los hechos el valor de las ideas y yo estoy seguro de que al presentir la proximidad de la muerte y al hacer un rápido balance de su vida, habrá pensado que ella, como el cauce de río rumoroso, que según la feliz expresión de Mastronardi, trabajando en la semilla oscura concibe prados y levanta bosques, no había sido estéril, sino fecunda siembra de ideas y principios; había sido un hombre libre.

Los socialistas no hemos practicado nunca lo que ha dado en llamarse el culto de los muertos. No porque los hombres que lucharon a nuestro lado y fueron nuestros maestros sólo nos interesasen por sus ideas, sin ser capaces de establecer entre nosotros esa comunidad humana que crea afectos y hace más bellas las ideas, sino porque en la vida política argentina sólo ha servido para crear mitos que no resistirán el menos exigente de los análisis; pero hoy, a ocho años de la muerte del Dr. BONAPARTE, cuando el país se encuentra de nuevo al margen de la legalidad constitucional y el jefe de turno cree que consagrando el país al ‘Inmaculado Corazón de María’ le será dado resolver  los graves problemas económico- sociales que nos afligen, es una necesidad y un deber recordar a quienes como el Dr. Bonaparte nos dieron el ejemplo de una vida consagrada al Derecho y a la Justicia”. (24)

(1) El Diario, Paraná, edición del 21 de noviembre de 1927.
(2) La Vanguardia, edición del 20 de noviembre de 1927.
(3) Afirmación, Buenos Aires, edición del 20 de diciembre de 1961.
(4) El Diario, Paraná, edición del 17 de diciembre de 1961.
(5) Nuevas Bases, edición de mayo de 1952.
(6) Nuevas Bases, edición de junio de 1952.
(7) Nuevas Bases, edición del 15 de septiembre de 1952.
(8) Nuevas Bases, edición de julio de 1952.
(9) Tarjeta publicitada en la década del ´50. Archivo del autor.
(10) El Diario, Paraná, edición del 14 de diciembre de 1952.
(11) El Diario, Paraná, edición del 22 de diciembre de 1964.
(12) Afirmación, Buenos Aires, edición del 20 de diciembre de 1961.
(13) Moreau Alicia, prologando Un país sin justicia, de Guillermo Bonaparte, Ediciones Populares Argentinas, Buenos Aires, 1956.
(14) El Diario, Paraná, edición del 17 de diciembre de 1961.
(15) La Vanguardia, edición del 10 de enero de 1962.
(16) La Prensa, edición del 17 de diciembre de 1961.
(17) Afirmación, Buenos Aires, edición del 20 de diciembre de 1961.
(18) El Diario, Paraná, edición del 17 de diciembre de 1961.
(19) Copia en poder del autor.
(20) Afirmación, Buenos Aires, edición del 17 de enero de 1962.
(21) El Diario, Paraná, edición del 10 de diciembre de 1963.
(22) El Diario, Paraná, edición del 14 de febrero de 1964.
(23) El Diario, Paraná, edición del 22 de diciembre de 1964.
(24) La Vanguardia, edición del 10 de diciembre de 1969.

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