Hijo de Valentín y Luisa De Nicolás, nació en Soria (Castilla La Vieja), el 6 de septiembre de 1888, en el seno de una familia acomodada. Su nuera nos relató que, en realidad, el apellido era “De Bujarrabal”, y que como el “de” denotaba ser de una posición socio-económica elevada, aquel joven rebelde y socialista declinó su uso. (1)
Arribó al puerto de Buenos Aires el 1º de noviembre de 1898, en el buque Aachen, procedente de La Coruña, con 10 años de edad, instalándose en Alcorta para trabajar como empleado de comercio. Tras la muerte de su tío Pedro Bujarrabal, acaecida el 12 de septiembre de 1907, hereda su casa de comercio: “Los aciertos comerciales fueron entonces tan sucesivos como brillantes, y engrosaba el capital año por año, sin que por esto dejara de recibir ayuda suya todo el que la solicitase, ya fuese colono, ya industrial, ya comerciante, ya jornalero de cualquier nacionalidad”. (2)
Desde su comercio, vivió - y le dolió - la explotación capitalista de los voraces e insaciables terratenientes contra aquellos pobres colonos inmigrantes y desamparados (el 70% de éstos eran arrendatarios, y el 30% restante, víctimas de la usura).
Compenetrado del ideal socialista a través de lecturas de los clásicos del socialismo, BUJARRABAL fue uno de los tantos socialistas que encendieron los espíritus y preñaron de ideas al movimiento de arrendatarios y peones del surco que declararon la huelga que paró al campo argentino por varios meses en el invierno de 1912, logrando dar un paso positivo para transformar aquella penosa realidad.
“Amigo personal de Juan B. JUSTO, recibió en más de una oportunidad en su casa de Alcorta al Dr. Alfredo L. PALACIOS” (3); en contacto con Mario BRAVO; con una fluida relación con los dirigentes socialistas de Rosario, entre los que se encontraban Narciso A. GNOATTO, José M. LEMOS, Francisco MALDONADO, Agustín REYNÉS, etc.; y con quien sería Intendente de Rosario, el autoproclamado socialista Daniel Julián Infante, con quienes debatía habitualmente la problemática política de la época. El negocio del joven veinteañero BUJARRABAL era habitual centro de reunión de colonos y peones rurales, con quienes el anfitrión confraternizó mientras trataba de hacerles comprender las nociones elementales de la economía capitalista de la que eran víctimas.
Así, BUJARRABAL cedía el sótano de su casa a los arrendatarios que comenzaron a reunirse desde 1911, para compartir preocupaciones y debatir posibles soluciones, burlando la vigilancia de los esbirros del régimen, habiendo sido partícipes de las tenidas clandestinas los socialistas Juan BELLOTTI*, Francisco BULZANI, Antonio NOGUERA, Francisco PERUGGINI, José GHILARDUCCI**, los socialistas libertarios Francisco Capdevila, y Francisco Menna, y otros que, a la postre, integrarían las comisiones de huelga de El Grito de Alcorta, a quienes el dueño de casa “les aconsejaba fundar una institución agraria central. Podría afirmarse que, en principio, el origen de la Federación Agraria Argentina, habría que buscarlo en las iniciativas de Ángel BUJARRABAL”. (4)
* Juan BELLOTTI ocupaba el puesto de cambista en la estación Alcorta al producirse la huelga ferroviaria de 1911. Sus compañeros le designaron presidente del comité de trabajadores ferrocarrileros. Después de aquel suceso gremial, BELLOTTI fue cesanteado por la dirección del Ferrocarril Central Argentino, por cuyo motivo, sin segura ocupación para poder mantener financieramente a su familia, trabajó como peón rural en el campo La Adela.
** BELLOTTI y GHILARDUCCI con el tiempo simpatizarían con el PC.
Plácido Grela dice haber tenido acceso a los apuntes inéditos de BUJARRABAL, y pone en boca de éste el memorándum de la reunión mantenida el 16 de junio del ´12, que pinta con exactitud la realidad de aquellos tiempos: “El primero en exponer sus inquietudes fue Francisco BULZANI, que tenía cierta ilustración política y que, además, contaba con las simpatías de los chacareros de la zona de Alcorta. Con el sombrero en la mano, expresó:
- Don Ángel, hemos venido a solicitarle la habilitación de las libretas que Ud. nos canceló.
Mi negocio está descapitalizado – le respondí –; todo lo hemos fiado a los agricultores, a Ustedes, que no podrán pagarnos sus deudas. Bien saben que yo no soy cerealista ni tampoco vinculado por mis actividades comerciales con los capitalistas, prestamistas y usureros de Alcorta ni de otros pueblos vecinos. Soy un comerciante honesto que los he servido a Uds., fiándoles a muchos desde la mala cosecha de 1911 …”.
- Pero señor BUJARRABAL – me replicó BULZANI –; tenemos más de doscientos mil quintales de maíz, parte en troje y parte en planta para cosechar. Y todos los demás agricultores están en la misma situación. ¿Cómo piensa Ud. que no vamos a pagarle lo que le debemos? Conocemos su honestidad, pero nosotros también somos honestos y agradecidos …”.
Pero yo – agregó el diario de BUJARRABAL – conocedor de la penosa situación en que vivían los agricultores, le respondí: Sí, es verdad, son Uds. extremadamente honestos y esforzados trabajadores de la tierra. Pero Ud., señor BULZANI, como casi todos los restantes agricultores le pagan al dueño del campo, al terrateniente, directa o indirectamente, el 45% y más de la producción, y otro 5% lo necesitarán para semilla y consumo familiar de la chacra, que bien lo saben, no es de Uds. Para vender, sólo les queda el 55%, es decir, unos cien mil quintales a razón de cuatro pesos como valor de la cosecha. Pero, además, tienen que pagar los gastos de juntada y entroje, la bolsa y el acarreo a la estación, y en ésta el movimiento del vagón por el total. Luego, el flete al puerto y demás gastos de parte suya. Y el total cuesta más de lo que su parte de cereal vale. Como Ud. puede comprobarlo, señor BULZANI, esto vale para todos los agricultores de Alcorta y, a qué no decirlo, para los de Bombal, Bigand, Máximo Paz, Santa Teresa y los de otras zonas de la provincia. Muy pronto el mismo reclamo que ahora me plantean a mí lo harán pacífica o violentamente los de otras zonas donde predomina la riqueza agrícola, donde un puñado de propietarios, no permite ni les interesa el desarrollo de las colonias.
Cuanto más se cosecha, más se pierde, pues el valor de la producción tal como está planteada ahora, no alcanza para poder pagar los gastos de recolección. Ustedes, yo lo sé, no podrán pagar nada de lo atrasado, y vuestras deudas aumentarán más si más fiamos los comerciantes para que Uds. sigan cosechando. Cosechando, ¿qué …?, miseria y más miseria.
Después de mis apreciaciones – escribió BUJARRABAL –, el agricultor más exaltado de todos los que he conocido, llamado Francisco Capdevila, preguntó:
- ¿Qué podemos hacer entonces, señor BUJARRABAL? ¿Díganos Usted cuál es su opinión. De qué manera podemos solucionar esta tremenda situación que nos ahoga económicamente?
Y agregó BUJARRABAL: “Como la tertulia se prolongaba más de la cuenta, invité a los colonos para que se sentaran, y les respondí: - “Ustedes deben seguir el camino elegido. La movilización gremial por la implantación de la justicia social. Yo sé que ustedes se han reunido para defenderse de tantas arbitrariedades. Tienen un solo camino: la agremiación, y crear una entidad de trabajadores de la tierra, sin apartar de vuestro sendero a los braceros y obreros rurales. Será el medio más eficaz para arrancarles a los terratenientes y al gobierno provincial modificaciones de contratos unilaterales que rigen en la agricultura. Porque ustedes deben comprender que el problema de los hombres sin tierra es de carácter nacional. Al terminar esta última frase, me replicó el colono Juan BELLOTTI:
- “Entonces, debemos ir a la huelga, es lo que usted nos está planteando”.
“Naturalmente - le contesté -. Si el movimiento huelguístico se concreta, no se mortifiquen por las deudas que tienen conmigo. Ya habrá tiempo suficiente para arreglarlas. Y si bien ustedes me adeudan más del medio millón de pesos, no por ello la situación económica logrará aplastarme. Aún me quedan recursos financieros como para ayudarles en vuestra causa. Y, desde ya, me comprometo con ustedes a habilitarles las libretas nuevamente ...”. (5)
“La huelga se produjo – agregó Grela – y BUJARRABAL cumplió al pié de la letra cuanto les prometió a los agricultores. No sólo continuó suministrándoles víveres, sino que les ayudó financieramente durante los largos meses que duró la hostilidad agraria” a pesar que los colonos le debían una fortuna.
Además, promovió un movimiento de solidaridad entre los comerciantes de la zona, los que tomaron la decisión de prestar toda la ayuda necesaria a los huelguistas que actuaron en Alcorta, Bigand, Bombal, Carreras, Melincué y Máximo Paz.
“Gran lector de las obras de MARX y ENGELS, pues El Capital y Dialéctica de la Naturaleza eran sus libros de cabecera, además del celebrado Manifiesto Comunista, trató de conducir a los dirigentes agrarios, a los más capaces, por el camino del socialismo. Les recomendaba la lectura de las obras de los teóricos del socialismo científico y las de otros autores no menos importantes de los creadores del materialismo dialéctico. Y aunque el chacarero, tal como lo señaló Netri en una oportunidad, “se siente pegado a su chacra, a su casita de la colonia, a los animales, a los árboles que él mismo plantó”, no tardó en comprender que la prédica de BUJARRABAL conducía hacia el camino de las reivindicaciones populares”. (6)
Con el tiempo, José GHILARDUCCI recordaría que BUJARRABAL “era un buen compañero, porque él fue quien principalmente nos aconsejaba de que hiciéramos la huelga y peticionáramos lo que nos correspondía: la rebaja de la tierra. Al principio teníamos miedo, porque la policía nos amenazaba y nos encarcelaba por perturbadores del orden (entonces regía la Ley de Residencia); por eso en su casa de ramos generales, en el sótano, entre comestibles, artículos de labranza y cajonería, nos reuníamos y discutíamos la huelga”. (7)
Esteban PIACENZA, presidente de la Federación Agraria Argentina, recordando al comerciante socialista, también atribuía trascendencia a su participación: “BUJARRABAL inculcó a sus clientes la idea de rebelión contra los terratenientes. Fue la mecha que hizo estallar la bomba que venía cargada desde hacía tiempo”. (8)
En 1911, Ángel BUJARRABAL ya había fundado la Mutual Asociación Española de Alcorta, siendo su primer presidente, editando “una revista que se publicó gratuitamente para los socios de la Institución, bajo el título de Iberia, que aparecía todos los meses; en ella se publicaba el balance de la Sociedad, las cosas más notables acaecidas en España y en el seno de la colectividad española. El costo de la misma se salvaba con los anuncios del comercio local, y para un número extraordinario festejando el 12 de Octubre, solicitó la colaboración de cuanto personaje sobresaliente había en la política, las letras, el arte y la ciencia españolas, habiendo recibido cartas de aliento muy corteses de la Condesa de Pardo Bazán, de Don Pablo Iglesias, y otros” (9). La revista se publicó hasta 1917.
En plena huelga agraria, el 23 de julio de 1912, fue designado por el Gobernador radical Manuel Menchaca – el primero electo por aplicación de la Ley Sáenz Peña –, Presidente Comunal de aquella Alcorta de mil habitantes urbanos y otros dos mil rurales.
Su administración comunal fue la más progresista conocida hasta entonces, debiéndose a su iniciativa la siguiente resolución: “Todos los miembros se ofrecen a desempeñar ad honorem los cargos que les corresponden por todo el período que dure su mandato, y ninguno de ellos podrá otorgar permiso alguno sobre asuntos que dependen de esta Comisión de Fomento, sin reunirse previa y oficialmente.
Su actuación comunal arrojó un saldo favorable para el progreso del pueblo. Fue autor del proyecto para habilitar una Biblioteca Pública en Alcorta; cambió el sistema de alumbrado a gas de kerosene y a carburo que utilizaban para alumbrarse los vecinos de dicha localidad. En julio de 1912 se habilitó la primera lámpara ‘con columna como vía de ensayo a los efectos de instalar nuevo sistema de alumbrado en la localidad’”. (10)
Otra decisión sin antecedentes, fue el llamado a licitación para conceder el servicio de limpieza pública, actitudes éstas que fueron resistidas por los sectores acostumbrados a medrar, al amparo de su influencia, con los asuntos públicos.
A los 4 meses, el 8 de noviembre de 1912, por no estar de acuerdo con la conducta de algunos miembros de la Comisión de Fomento, ni tampoco con los arbitrarios procedimientos del gobierno provincial en perjuicio de los arrendatarios, BUJARRABAL renunció al cargo.
En 1915, junto a los también socialistas y agricultores Bartolomé y Nicolás MICHELI, José GHILARDUCCI y Juan BELLOTTI, concretan una reunión en la casa de BUJARRABAL, y fundan la Biblioteca Popular Carlos MARX, “desde la cual realizaron durante muchos años una importante labor en pro de la difusión de las ideas socialistas”. (11)
Su preocupación por elevar el nivel educativo y cultural del pueblo, también se manifestó promoviendo la asistencia a Alcorta de conferencistas de renombre. Así, estuvieron disertando en aquella década del ´10, el escritor López Silva, el Dr. Cózar, y el Dr. Daniel Julián Infante.
Su militancia agraria y socialista continuó más allá de los sucesos de 1912, y también su solidaridad con los trabajadores del surco. En 1918, “cuando la angustiosa crisis agrícola, la casa de BUJARRABAL había adelantado más de un millón de pesos, y cuando en ese mismo año estuvo en Alcorta el Ministro de Agricultura de la Nación, Ing. Demarchi, en su gira para estudiar sobre el terreno la mejor forma de conjurar la crisis, dijo que si en cada pueblo hubiese un hombre como BUJARRABAL, la crisis estaría conjurada”. (12)
Tras la muerte de Benito Pérez Galdós, en 1920, gestionó con éxito que una calle de Alcorta llevara su nombre.
Apenas pasados sus veinte abriles, este idealista había comenzado una relación sentimental con quien sería el amor de su vida, la entonces quinceañera Camila Larocca. El 12 de abril del ´10, desde Villa Mercedes (San Luis), donde BUJARRABAL estaba vacacionando, le envió una postal a su amada, en cuyo dorso le expresó que tras una conversa con otro turista, se imaginó “el bosque, las piedras, las praderas, todo iluminado por la luz de tus ojos. Y entonces el paisaje adquiría una belleza deslumbradora …!”, y volando con su imaginación de romántico empedernido, le dijo ver su “cara bonita reflejada en la transparente linfa del río, y me pareció que las aguas estremecían de placer, corrían más veloces, ávidas de sentir la caricia de tu contacto. ¡Hasta los pájaros, hasta entonces adormecidos en añosos algarrobos, desgranaron la perlería de sus cantares”, para finalizar advirtiéndole que se cuidó de referir a su circunstancial acompañante la imaginación que tuvo, “pues como no te conoce, hubiera sido incapaz de comprender el milagro de tu hermosura”. (13)
Dos años después, el 10 de marzo del ´12, este enamorado del progreso, la política y la vida, le dedicó la foto que ilustra esta página, enterneciéndola con “espejo de hermosura y amor de mis amores”. (Va Foto PS-0070-S)
Finalmente, BUJARRABAL se casó con Camila Larocca el 24 de marzo de 1916, en Alcorta, matrimonio del que nació Álvaro, su único hijo, el 9 de febrero del ´20, al que no quiso bautizar.
En la tarde del 7 de junio del ´16, después de una frustrada sesión, el Diputado Juan B. JUSTO, acompañado de Enrique DICKMANN, iba caminando hacia la redacción de La Vanguardia, y al llegar al 629 de la calle Reconquista, un desconocido le descerrajó dos balazos, hiriéndole uno de ellos la pierda izquierda. El criminal atentado conmocionó las filas socialistas, y al día siguiente, desde Alcorta, BUJARRABAL telegrafió a Buenos Aires, expresando su fraterna preocupación: “Telegrafíen cómo sigue el doctor JUSTO. Indiquen diagnóstico y si capturaron delincuente. Protesto enérgicamente”. (14)
A partir del ´17 su estado de salud comenzó a debilitarse, enfermando de tuberculosis, razón por la cual en 1921, Ángel BUJARRABAL decidió trasladarse a Alta Gracia con su familia, donde sus tíos Catalina y Nicasio De Nicolás - que vivían en Buenos Aires y con quienes había compartido un viaje a España en enero de 1907 -, le bautizaron al hijo en secreto en la Iglesia de la localidad: cuando se lo dijeron, BUJARRABAL estuvo varios días sin dirigirles la palabra. (15)
En Alta Gracia, BUJARRABAL compartió una sentida amistad con el poeta Belisario Roldán, a pesar del poco tiempo que pudieron compartir, ya que éste se suicidó el 17 de agosto del ´22, y aquel falleció el 24 de agosto del ´23, pocos días antes de cumplir los 35 años de edad.
Una anécdota consignada por Agustín García en el trabajo referenciado (16), muestra a BUJARRABAL en su cabal integridad ética y espiritual: “en una asamblea de la Sociedad Española se acordó por unanimidad rendirle un homenaje, y enterado de ello, mandó una nota rechazando de plano el homenaje, y en la misma decía que el mejor homenaje que se le podía hacer, era que todos colaborásemos por el engrandecimiento de la Sociedad”.
Para el 62º aniversario de El grito de Alcorta, la Comisión de Fomento de la localidad, descubrió una placa recordatoria en el frontispicio de la antigua casa de comercio de Ángel BUJARRABAL, en póstumo homenaje a quien fuera uno de los más destacados colaboradores de los agricultores alcorteños que protagonizaron el referido suceso gremial y agrario.
Así, rendimos tributo a aquel joven que, ante la facilidad de haber podido pasar una vida holgada acorde a su descendencia, prefirió resignar bienestar material y privilegiar sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad entre todos los hombres del mundo, más allá de sus razas, religiones, nacionalidades y posiciones económicas.
(1) Relatos de Adolia Barbieri de Bujarrabal, Melincué, diciembre de 2004.
(2) El Eco de España, Rosario, edición del 15 de septiembre de 1923, en nota firmada por Agustín García.
(3) La Hoja, Alcorta, edición del 25 de junio de 1988.
(4) Grela Plácido, El Grito de Alcorta: Historia de la Rebelión Campesina de 1912, Ed. Tierra Nuestra, Rosario, 1958.
(5) Grela Plácido, Alcorta, origen y desarrollo del pueblo y de la rebelión agraria de 1912, Litoral Ediciones, San Lorenzo, 1975
(6) Grela Plácido, El Grito de Alcorta: Historia de la Rebelión Campesina de 1912, Ed. Tierra Nuestra, Rosario, 1958.
(7) Democracia, Rosario, edición del 27 de junio de 1954.
(8) Grela Plácido, Alcorta, origen y desarrollo del pueblo y de la rebelión agraria de 1912, Litoral Ediciones, San Lorenzo, 1975
(9) El Eco de España, Rosario, edición del 15 de septiembre de 1923, en nota firmada por Agustín García.
(10) Grela Plácido, Alcorta, origen y desarrollo del pueblo y de la rebelión agraria de 1912, Litoral Ediciones, San Lorenzo, 1975
(11) Grela Plácido, Alcorta, origen y desarrollo del pueblo y de la rebelión agraria de 1912, Litoral Ediciones, San Lorenzo, 1975
(12) El Eco de España, Rosario, edición del 15 de septiembre de 1923, en nota firmada por Agustín García.
(13) Tarjeta en poder del Museo Histórico de Alcorta.
(14) La Vanguardia, edición del 9 de junio de 1916.
(15) Relatos de Adolia Barbieri de Bujarrabal, Melincué, diciembre de 2004.
(16) El Eco de España, Rosario, edición del 15 de septiembre de 1923, en nota firmada por Agustín García.
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