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Archivo - Biografías

Campazas Alberto
Militante de
Rosario
CCE
18.193
Foto Nº
PS-0446-S
Día corrección
31-12-2008

Nació en Rosario, el 10 de julio de 1922.

En torno a 1940, fue uno de los reorganizadores de la Juventud Socialista de Rosario, y posteriormente miembro de la Junta Ejecutiva Provincial, asumiendo en distintas oportunidades la responsabilidad de ser candidato del PS. Obrero ferroviario, junto a Vicente PUCCI, fue dirigente de la Unión Ferroviaria.

Cuando en enero del ´46 apareció Acción Socialista, órgano de la Juventud Socialista Mario Bravo, de Rosario, integró su equipo de redactores.

En la Revolución Libertadora

Ni bien derrocado el régimen peronista, en 1955 apareció Tiempo, que dirigido por Alberto GABETTA, tuvo como jefe de redacción a CAMPAZAS.

En el otoño del ´56 fue “elegido presidente del Comité de Recuperación Sindical de Rosario” (1), colaborando con él Alberto Marrone, Rafael Zaeta, Francisco Nievas, Eduardo Giovanello, y Miguel Arrastía. Y en 1957, CAMPAZAS, como integrante de la Comisión de Coordinación Gremial del Partido Socialista, publicó un trabajo titulado Por una CGT de ideología revolucionaria, auténtica expresión de los intereses del proletariado.

En él afirmó que “el movimiento obrero organizado atraviesa un momento crucial y, diríamos, dramático de su existencia, después de la catastrófica experiencia de organización “vertical”. En un momento histórico que se singulariza en sus rasgos sobresalientes por depresión y desconcierto, los trabajadores habremos de reconstituir nuestras organizaciones, adecuándolas en su estructura a las necesidades del momento y en su aspiración a los viejos ideales redentores de la clase obrera”, señaló casi con un exceso de optimismo.

Tras analizar lo sucedido con el movimiento obrero, apuntó que “luego de la experiencia totalitaria, en que las organizaciones obreras fueron caja de resonancia de las alegrías o tristezas de las clases dirigentes, sin ser en ningún momento expresión de ‘base’ con un régimen de asambleas informativas, donde fue abolida toda deliberación que modela la conciencia colectiva, aplicándose un sistema compulsivo de resoluciones, y organizados en base a la dirección de una ‘elite’ designada por la digitación gubernamental, el tiempo nos dejó el desastre a que nos llevó a ser ‘furgón de cola’ de un régimen político de claras tendencias totalitaria”’.

Continuando con la lectura de esa historia relativamente cercana, CAMPAZAS decía que “luego de la revolución del 16 de setiembre, que terminó con el régimen político que había hecho de las necesidades obreras bandera de proselitismo y base de sustentación popular, como fatal herencia nos encontramos con nuestras organizaciones gremiales intervenidas, y las investigaciones dieron pruebas del latrocinio a que sometieron los caudales sindicales la ‘elite’ antiobrera que dirigió despóticamente al movimiento”.

Entre el 27 de junio y el 1º de julio de 1956, se realizó el XLIº Congreso Nacional (31º Ordinario) del PS, del que participó CAMPAZAS: “Los problemas vinculados a la situación de la clase trabajadora y a sus posibilidades de trabajo en el campo gremial, merecieron la especial atención del Congreso. Hemos recabado al respecto las impresiones del compañero Alberto CAMPAZAS, delegado rosarino que desempeñó una de las secretarías de la asamblea y, a la sazón, militante gremial de señalados prestigios en su medio”, reportaje en el que CAMPAZAS respondió en relación al retorno a la democracia y al futuro del socialismo, que “los trabajadores nos sentimos orgullosos. Hemos delineado el plan de la labor futura y cumpliremos ahora una nueva etapa en nuestra marcha liberadora. Estamos en la vida de la política argentina como un partido poderoso que insufla a nuestra democracia política de contenido social; provee a la clase obrera de un método de lucha, y crea entre los trabajadores conciencia de su fuerza, señalando ante el pueblo y ante la historia la misión revolucionaria del proletariado. Introducimos en este Congreso nuevas ideas al cuerpo del pensamiento socialista. Dijimos que sin libertad no puede haber socialismo, pero agregamos, que sin justicia, sin socialismo, la libertad política, queda condicionada a la dependencia económica del asalariado. Este es el resultado de nuestro Congreso. Señalamos ante el país, sus errores y sus desaciertos. Como fríos cirujanos de la historia aplicamos el filo de nuestro bisturí crítico para analizar el mal argentino. Estudiamos los problemas y esbozamos las soluciones. Centenares de delegados hablaron en nombre de la República, y la República espera ahora de su pueblo la acción necesaria que le dé fuerza a este pensamiento socialista”. (2)

La Revolución Libertadora había intervenido todos los gremios. En algunos, dirigentes gremiales de orientación socialista habían asumido la responsabilidad de la reorganización gremial horizontal, pero en muchos casos pronto renunciaron en desacuerdo con las persecuciones políticas desatadas. Es que, según CAMPAZAS, había “una influencia conservadora, reaccionaria y patronal”, que presionó “sobre el gobierno y las intervenciones gremiales, a cargo de gente extraña a nuestra clase obrera, tendiente a dividir y desorganizar las instituciones sindicales, y a arrebatarle substanciales e históricas conquistas sociales”.

Enumerando los abusos y atentado contra los intereses de los trabajadores, el trabajo señaló que “se dispuso la congelación de salarios después de haber prolongado innecesariamente la discusión de los convenios; se aprobó el pago de la retroactividad en largas cuotas; se liquidan las delegaciones regionales de la CGT, en una atribución interventora totalmente improcedente; se alienta la división de la clase obrera imposibilitada de tomar resoluciones en congresos estatutarios; se restringe el derecho de reunión obrera; se declaran ilegales las huelgas que incitan la intransigencia patronal; y la movilización militar se ha convertido en método regular de gobierno para ‘ablandar’ la rebeldía obrera”.

“Pero si las clases gobernantes argentinas pensaran que con estas medidas será quebrado el espíritu de lucha de los trabajadores o que llegarán a dividir hasta la atomización a las organizaciones sindicales, caerían en un fatal infantilismo político. Cuando la clase obrera vive en los lugares de trabajo, y cuando manos extrañas despedazan al movimiento, éste se aglutina en la calle y se amalgama en la diaria convivencia”, advirtió.

“Fatal ha sido para el movimiento obrero la falta de ideología y programa” – señaló. “La experiencia histórica nos demuestra que una Central sin propósitos revolucionarios, amorfa en sus aspiraciones programáticas y convertida en una mera organización de resistencia o ‘presión’, caerá indefectiblemente en las manos del primer esbozador de teorías sociales, sean o no honestas sus intenciones”.

Pero CAMPAZAS también advirtió entonces que “la adopción de una doctrina, un método y un programa revolucionario, significa incursionar por el campo de la política, entendiéndose por política, la actividad integral de la Nación, social, económica, culturalmente, etc. Y en este sentido se hace necesario aclarar previamente que sectores que caen en un estrecho sectarismo, alentados en sus posiciones por interesados que pertenecen al campo enemigo de la clase obrera, levantan equivocadamente las banderas del apoliticismo obrero, confundiendo política con partidismo”.

“Mal haríamos los trabajadores con atarnos a los intereses de algún partido político: la experiencia ha sido demasiado dolorosa para que volvamos a caer en el error. Como ciudadano, cada trabajador mantiene el derecho de pertenecer al Partido que gana sus simpatías. Pero el partidismo metido en la organización sindical, es el cáncer que sentencia a plazo fijo su muerte”.

“Pero política es otra cosa. Política es la ciencia de gobierno, y la clase obrera es parte numerosa, mayoritaria y vital de la sociedad, y, por ende, interesada de su marcha”.

Tras traer a colación una detallada historia de los hitos más importantes de la organización del movimiento obrero, CAMPAZAS destacó que si bien las organizaciones sindicales habían señalado el carácter de clase de la sociedad, y propusieron sus programas y reivindicaciones inmediatas, “por no haber sido ellas asimiladas por las masas obreras y haber quedado como expresión ideológica de sus cuadros dirigentes, los obreros extraviaron el rumbo y fueron instrumentos para la solidificación de un Estado totalitario contrario a sus propios intereses, que creó y aplicó una legislación represiva”.

“La clase trabajadora, como parte mayoritaria de la población y vital por su condición de productora, integrada en el todo de la nación, tiene su destino unido a la solución de cada uno de todos los problemas que aquejan a la República”.

“La indiferencia o el neutralismo obrero en política es el arma de las viejas clases dirigentes, de las oligarquías minoritarias que han gobernado a la Nación. La lucha de clases es el método para la liberación obrera, y la propiedad colectiva de los medios de producción y de cambio, es el fundamento de la justicia social. Los enemigos de estos conceptos, son los enemigos de la clase obrera”. (3)

Desde el 1º de enero de 1997, Hermes BINNER, en su función de Intendente de la ciudad de Rosario, lo designó Coordinador del Centro de Documentación Histórica de Rosario, realizando su tarea desde la Secretaría de Cultura, Educación y Turismo, con el objetivo de centralizar los materiales para luego armar un archivo oficial; impulsó además la reconstrucción del arribo de las comunidades de inmigrantes a la ciudad, trabajo por el que se concretó la Historia de los Franceses en Rosario, junto con la Alianza Francesa. Similar trabajo se realizó con la Comunidad Toba, y con el arribo de las comunidades suiza y andaluza.

Fundó y presidió la Casa de la Cultura de Rosario, habiendo sido también Vicepresidente de la Fundación Cultural Pago de los Arroyos.

Luchador incansable por la superación espiritual e intelectual tanto personal como colectiva, cuentista e historiador, escribió varias obras de diversa índole, algunas de las cuales son de consulta permanente para los que bucean en las raíces de las instituciones.

Entre sus cuentos, en 1980 publicó Un hombre como tantos; en el ´82, Rosario de Siempre; en el ´88 Entre la realidad y los sueños; en 1991, Alberto cuenta cuentos, que fueron traducidos a distintos idiomas y merecieron ser incluidos en publicaciones de China, y la Revista Bohemia, de La Habana.

Entre sus obras de historia, se pueden señalar en el ´86 la Historia del Banco Provincial de Santa Fe; en el ´88 Crónicas Históricas de Rosario; en el ´91, Rosario, historia y desarrollo; y Una provincia llamada Santa Fe, en 1994, declarada de Interés Regional y Provincial; y finalmente, en 1997 Historia de los Barrios de Rosario.

En su momento, la Revista La Maga recordó que CAMPAZAS no era sólo “un viejo luchador socialista: es un entrañable personaje estudioso de la ciudad, una necesidad. Aunque viajó varias veces a Cuba, fue el de diciembre de 1961 el viaje más perdurable en su memoria. No era para menos: sería en esos días tórridos del verano habanero cuando conocería a uno de sus conciudadanos más notorios: Ernesto Guevara. Su relato tiene, incluso, un perfil humano del ‘Che’ de los años de consolidación de la Revolución Cubana:

‘Viajé a La Habana en diciembre de 1961 como delegado fraternal de los ferroviarios de la Argentina al Iº Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba. En el congreso había más de mil delegados sindicales, entre ellos de la ex URSS y China, los más numerosos y poderosos sindicatos de entonces. Me tocó hablar y - modestia aparte - el discurso tuvo un éxito importante, a tal punto que al día siguiente el comandante Fidel Castro me invitó a almorzar. Me acuerdo que le pedí visitar los morros, es decir el Castillo de los Príncipes, como le decía yo, que era donde estaba la cárcel en la que estaban encerrados los opositores a la Revolución. Y Castro me preguntó si yo tenía tanto interés en visitar gusanos. Y le contesté que no, que era una cuestión sentimental. En ese lugar había estado preso mi abuelo, soldado español que combatió contra Martí en la guerra de la independencia.

Mi abuelo vivía todavía y quería que yo le llevase una foto y que visitara el lugar de su reclusión. Castro pegó un salto en su asiento: A ver ... ¿cómo puede ser? Empezó a cotejar fechas y se dio cuenta de que sí, de que mi abuelo podía estar vivo. Y allí nomás propuso hacer un gran acto en la misma Plaza de la Revolución trayendo a mi abuelo desde la Argentina, como un ex soldado español de la época de la Independencia. Yo le dije que por razones de edad, de salud, etc. era imposible eso. Al terminar el almuerzo me dio una caja de botellas de ron, muy seleccionadas, para mi abuelo, que se las traje. Me acuerdo de eso con mucha emoción ...

A la noche, fuimos a visitar al Che, que era Ministro de Industria y que por razones de salud, por su asma, trabajaba de 12 de la noche a 6 de la mañana.

Llegamos justo a las 12 y apenas entramos, me dijo, señalándome con el dedo: Usted es el de la televisión, refiriéndose a que me había visto en las filmaciones del Congreso. Nos pusimos a conversar y la atención que nos prestaba era muy fraternal. Hablamos de Rosario, de su infancia en la Argentina; él recordaba muy nostálgicamente Alta Gracia, amigos suyos de Alta Gracia: "¿Dónde están?" y los iba mencionando: "¿Dónde estarán esos muchachos?" Hablamos algo de tangos, hablamos algo de las mujeres argentinas y me dijo que era hincha de Rosario Central. En medio de esa conversación, respetuosamente, le dije: "Guevara: usted habla mucho de nostalgias de la Argentina pero ha perdido las costumbres ...". Me miró: "¿Cómo? ¿Qué me dice?”, me preguntó. "Y ... no sé: hace rato que estamos acá y usted toma mate solo ...", porque se cebaba mate y no convidaba. El Che entonces dice: "Uyyy ... les voy a explicar: es que no tengo yerba. Tomaba mate con un centímetro de yerba. No tengo yerba y me daba vergüenza darles este mate a ustedes ...". Le dijimos: "Pero si nosotros tenemos yerba a montones, hubiera dicho; mañana le mandamos yerba". Y él dice: "¿Cómo mañana? ¡Ahora!". Fue rápida la cosa: mandó un auto al hotel con uno de nosotros a buscarla, y eso hizo que nos quedáramos hasta las seis de la mañana tomando mate y conversando con él.

La conversación giró después en torno de la política y la teoría revolucionaria. Al llegar a Montevideo, yendo para La Habana, nos habíamos encontrado con el contingente de las juventudes políticas que volvían; allí me topé con mi amigo y compañero de Partido Horacio Ciafardini, un brillante investigador y profesor, que estuvo mucho tiempo preso durante el Proceso, y que murió cuando debía jurar como decano en La Plata, ya con la democracia. Me contó sus impresiones de Cuba, y cuando le dije que me gustaría hablar con los jóvenes delegados peronistas, me dijo: "No te van a llevar mucho el apunte porque vienen embalados con la guerrilla". Le pregunté qué me estaba diciendo y agregó: "Estuvieron con John William Cooke, que fue quien los embaló. Y me contó que hasta traían un par de uniformes verde oliva, con lo que pensaban entrar en el país vestidos de guerrilleros. Era un gesto simbólico, pero ya era la tendencia ...

Le relaté eso a Guevara, la verdad que un poco disgustado, y le dije que las guerrillas no se adaptan a todos los países de la misma forma, y que los métodos de lucha se deben dar teniendo en cuenta las características de cada pueblo ... Que la guerrilla no se exportaba ni se trasplantaba mecánicamente. Algunos de mis compañeros consideraron que era casi una falta de respeto discutir con el Che a nivel de teoría revolucionaria. Pero yo estaba convencido: le hablé contra Debray y el foquismo; le dije que si yo viviera en Vietnam sería guerrillero, pero vivo en la Argentina, y soy reformista. Porque ése era mi modo de pensar. Cuando se enteró que Cooke había embalado tanto a aquellos jóvenes militantes, el disgusto fue suyo. Dijo: "Tengo que hablar con ese pelotudo" (textual). No era que no estuviera de acuerdo con la guerrilla, sino con una publicidad sin sentido de ella, que ponía en descubierto planes revolucionarios que tenían que ser más discretos, más callados. "Tengo que hablar con ese ..." significaba - ¿Cómo pone en evidencia nuestras intenciones?

Por otra parte, él no estaba de acuerdo con el reformismo. Mientras en el almuerzo, Fidel Castro había hablado con respeto y admiración de Alfredo Palacios, no era el mismo el concepto del Che. No me refiero a que denostara a Palacios, sino a que no estaba de acuerdo con los métodos del socialismo reformista, que es una cosa diferente ... Guevara, redondeando el recuerdo, puedo decir que tenía toda la apariencia de un hombre triste, nostálgico. Era perceptible una melancolía dulce, muy tristona cuando hablaba de cosas de la Argentina ... No era extrovertido sino un hombre más bien reservado. Yo llevaba la voz cantante del grupo, y como él observaba y miraba fijamente al que hablaba, me sentía radiografiado en forma constante por su mirada. Y luego, su respuesta tenía siempre una breve pausa de meditación. Escuchaba y medía lo que iba a decir, excepto cuando hablamos de frivolidades como el fútbol, las chicas, algunas cosas argentinas. Pero hablando de política era muy serio ...’”. (4)

Fue Secretario del XLI Congreso Nacional del PS que sesionó desde el 27 de junio de 1956 en el Salón Unione e Benevolenza de Buenos Aires.

CAMPAZAS falleció en Rosario el 7 de setiembre de 1999. En su memoria, Nerina SAGASTI recordó que “hay personas que parecen haber nacido para vivir en eterna zozobra, en perpetua actividad, en un continuo fluir de ardientes palpitaciones, sin pensar que todo ese ardor que los consume nutre tanto a lo divino y sublime como a lo torpe y necio. Una de esas personas, era sin duda ... Alberto CAMPAZAS”. (5)

(1) La Vanguardia, edición del 24 de mayo de 1956.
(2) La Vanguardia, edición del 5 de julio de 1956.
(3) Por una CGT de ideología revolucionaria, auténtica expresión de los intereses del proletariado, Comisión de Coordinación Gremial del PS - Rosario, 1957.
(4) Revista La Maga, Nota del 1 del 5 de 1997. (5) Sagasti Nerina, Prensa Socialista, Octubre de 1999.

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