Hijo de Florencio y Fernanda Agüero, nació el 25 de abril de 1927, en Villa Ana - cuna de trabajadores de los quebrachales, cuando La Forestal se pretendía imponiendo leyes propias cual si fuera un Estado dentro del Estado -, desde muy joven abrazó el ideal socialista que le transmitió su padre y, seguramente, las injusticias y la miseria que diariamente se manifestaron en aquella durísima realidad.
Florencio CHÁVEZ, su padre, ya en la década del ´30, había sido Secretario General del Centro Socialista de Villa Ana, desde donde desarrolló una destacada tarea militante junto a Ramón C. ACUÑA, José PIANZOLA, Arturo MATTA, José VASALLO, Silvestre BARRIOS, VELOZO, y MACIEL.
Florencio también fue Secretario General del Sindicato del Tanino, lugar desde el que luchó por la reivindicación de los derechos de los trabajadores, explotados miserablemente entonces por los capitalistas ingleses dueños de la industria del tanino.
Julio Chávez (1) nos refirió una anécdota que dimensiona la unidad de pensamiento y acción de aquellos tan anónimos como heroicos trabajadores del tanino: En oportunidad de declararse una huelga que duró varios días, Florencio le llevaba comida a los trabajadores huelguistas rodeados por un Escuadrón de Seguridad enviado ex profeso desde Santa Fe. A pesar de la ostentación de las armas, no flaqueó ningún trabajador, confiado en las fuerzas propias y la fidelidad de sus dirigentes, y al arribar desde Buenos Aires un directivo de La Forestal, propuso acercar una propuesta de arreglo a transmitir a Florencio CHÁVEZ. Éste se negó a ir sólo, y todos en una sola voz respondieron afirmativamente a la expresión de CHÁVEZ “todos o ninguno”, e ingresaron los 300 trabajadores a escuchar la propuesta, debidamente “custodiados” por los esbirros, consiguiendo lo reclamado: ¡cinco centavos más por hora!
Desde ese hogar de trabajadores y luchadores por la dignidad y la justicia social, Julio CHÁVEZ abrevó en las fuentes del socialismo los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que signaron toda su vida, y el haber quedado huérfano a temprana edad, y haber tenido que radicarse por un tiempo en la casa de sus abuelos en Las Toscas, no fue una valla para esa formación, ya que desde muy joven, casi niño, frecuentó habitualmente el local del Centro Socialista de Las Toscas, donde creció políticamente al influjo de debates y consejos de Traslación CHÁVEZ, Carlos RAMOS, Ventura PIEDRABUENA, y los Hermanos PAREDES.
De aquella época nos refirió otra anécdota: el Centro Socialista había organizado un acto público en la plaza del pueblo, frente a la Iglesia, y en el medio del discurso que pronunció Augusto ITTIG, el cura ordenó a un empleado apagar la luz, lo que llevó al orador a afirmar que “aún en la oscuridad, haremos oír la verdad del Partido Socialista”.
En el ´48, Julio CHÁVEZ comenzó a trabajar en el Ingenio Azucarero como obrero temporario, y en el ´52, fundó el Centro Socialista de Tacuarendí, junto a un reducido grupo de afiliados, los que recibían fraternalmente a los Compañeros que se acercaron a colaborar en la militancia: la Dra. FAGHETTI, de Rosario, y los Compañeros Augusto ITTIG, Oriel VISINTINI, Horacio CAPOZZOLO, ESCOBAR, y otros, de Reconquista.
El 13 de abril del ´51, contrajo enlace en Tacuarendí con Eugenia Ramírez, matrimonio del que nacieron Jorge Héctor, José Fernando, Sara Noemí, Leonilda Beatriz, Arnaldo Adán, Miriam Alejandra, y Blanca Patricia.
Hombre preocupado y ocupado por la suerte de sus semejantes, y cultor de un elevado espíritu solidario, Julio CHÁVEZ gozó en nuestras entretenidas charlas recordando sus años de militancia juvenil, época en la que las visitas del Dr. Augusto ITTIG por las distintas localidades del chaco santafesino eran un ritual, en las que además de propagar las ideas-fuerza del socialismo, muy a menudo debía alterar su misión militante para aliviar los dolores de una lacerante realidad, haciendo de médico.
Alternando como trabajador en el ingenio y obrero de la construcción, CHÁVEZ presidió durante muchos años el Centro Socialista de Tacuarendí, comunidad en la que supo granjearse la simpatía y admiración de quienes lo frecuentaron.
La estrechez económica propia del típico hogar norteño, nunca fue una limitación para la militancia socialista, y Don Julio supo convertir su hogar en un permanente centro de reuniones y debates del socialismo, donde los dirigentes del PS que visitaron la zona encontraron la posada refrescante, amistosa y hospitalaria, como asimismo el centro de operaciones para contactarse con los trabajadores del norte, su gente, sus realidades, preocupaciones y esperanzas.
Época en la que recorrer los obrajes en tarea militante significó retornar llenos de piques (un bicho molesto), pero contentos de haber compartido una taza de mate cocido con esos sufridos obrajeros.
“Nadie que esté en nuestras filas, tiene que sentirse excluido de la acción; ninguno puede quedar inactivo; ninguno puede transar por menos la gran aspiración de servicio. Las estrategias personalistas y los juegos menores deben quedar de lado, por infecundos y pueriles; los honores vendrán después, o no vendrán, lo mismo da”, nos afirmó en una oportunidad, para luego estampar una pregunta con respuesta cantada: “¿Quién explicará que la pobreza y la miseria no son fenómenos de la naturaleza, como la lluvia o el viento, sino que obedecen a causas humanas, históricas que debemos y podemos cambiar, sino un PS fuerte y sólidamente unido?”
Para CHÁVEZ, lo que hacía falta era “una gran política que tenga lo que León BLUM llamó ‘El gran estilo de la moral’”, y la veía sólo en el socialismo: “ojalá que el día de mañana, vea un Partido Socialista único”. El no lo vio, porque falleció en Tacuarendí el 5 de julio de 2001, antes de la reunificación partidaria concretada el 14 de septiembre del año siguiente, pero lo presintió, y hoy el PS es uno sólo, sólido y en crecimiento, como los luchadores del calibre de Don Julio y tantos otros, lo necesitan y merecen.
(1) Relatos de Julio Chávez, Tacuarendí, diciembre de 1999. |