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Archivo - Biografías

Giani Spero in Dío
Militante de
Rosario
CCE
11.333
Foto Nº
Día corrección
31-12-2008

Inmigrante italiano y activo militante socialista rosarino en la década del ´10. Habitual colaborador de La Vanguardia, autor - entre otras - de las Crónicas Rosarinas que se publicaron en 1918, y que implican una verdadera pintura de aquellos tiempos ido.

En una de ellas, sobre postales urbanas dibujadas por los juegos de azar y que señala una inflexible posición filosófica, señaló que “los saludables rayos solares que han cumplido su múltiple y sagrada misión, desaparecen para dejar a la ciudad envuelta por un color gris que dura pocos instantes. El período crepuscular se inicia.

Junto con él empieza el concierto que diariamente ejecutan las pitadas que huyen de las fábricas y talleres, secundadas por las voces ora agudas, ora roncas y desconcertantes que cantan las bronceadas y empavonadas bocinas de los automóviles, que son perseguidas por el campanilleo prolongado de los timbres estratégicamente colocados en los portales de salones donde el arte cinematográfico presentará sus obras, por espacios monótonos y lúgubres, por espacios cómicos y trágicos.

Las arterias de más importancia comercial en que se halla caprichosa y aventuradamente instalado un sinnúmero variado de casas de comercio, ven aumentar paulatina y vertiginosamente el continuo tráfico de peatones y de vehículos que las domina todo el día.

Entran a engrosar ese permanente y compacto desfile, grupos de trabajadores que, por su andar lento y decaído, evidencian el enorme desgaste de energías que han efectuado en la larga jornada de trabajo. Proletarios que se confunden entre los variados grupos de niñas que, ataviadas las unas lujosa y las otras discretamente, demuestran en sus facciones, de espirituales algunas, de imbéciles románticas las más, que todas ellas en general han abandonado los caprichosos ‘toilettes’ para salir a internarse en las grandes tiendas, en los misteriosos salones de cinema, que empezarán la serie de diversiones con la inveterada ‘sección familiar’.

El crepúsculo ha cedido por orden de la evolución natural su puesto a las primeras horas de la noche. La iluminación artificial ha iniciado la tarea de transformar el aspecto de seres y cosas, tornando a unos más atrayentes, a otras más desechables, y paralelamente a ello vemos formarse lentamente grandes grupos heterogéneos y cosmopolitas de personas frente a las vitrinas de esos antros del viejo - patrocinados por el Estado - que se rotulan ‘Agencias de lotería’.

Niños de corta edad, ancianas y pobres madres de más pobres hijos, hombres de todas las nacionalidades y edades, burócratas y militares, damas de nuestro ‘mundo social’ y provocativas ‘cocottes’, honestas y esbeltas ‘midinettes’, trabajadores manuales, sirvientes, mucamos, porteros, y otros ejemplares humanos, han acudido a la trágica vidriera para conocer el resultado producido por la bolilla que ha desentrañado el clásico globo de cristal y que ha transmitido en su obra de progreso el cable telegráfico: ¡Es día de quinielas!

La madre o esposa ha jugado a las dos últimas cifras en que termina la 1ª, 2ª, 3ª o 4ª cantidad - que dicen a cuántos han enriquecido y callan a cuántos han empobrecido - los centavos regateados al lechero o al verdulero, o aquellos que debían destinar a la compra de más pan, carne u otro alimento.

Miles de trabajadores han contribuido con su óbolo a llenar el cajón de los fabricantes del vicio, dejando ahí parte de sus miserables salarios; militares, empleados públicos, desvergonzadas prostitutas, ineptos y corrompidos políticos, todos han jugado la cifra de su predilección, que ha sido sugerida en unos casos por estúpidas supersticiones, y en otros por ingenuas combinaciones que reflejan su estado clavado de imbecilidad.

¡Desgraciados, que ven en la vida una simple lotería!

Ante este espectáculo que ofrecen diariamente las populosas calles San Martín, Córdoba, Corrientes y demás, nos explicamos el atraso mental, la pobreza de espíritu que ha revelado en varias circunstancias el pueblo de esta ciudad.

Vemos la complicación consciente en obra de tan tamaño crimen moral de nuestras autoridades comunales.

Palpamos objetivamente una vez más la obra grandiosa de redención y educación que realiza y continuará realizando nuestro Partido en esta sociedad corrompida y decadente.

Y ante nosotros surge como un terrible espectro, próximo a desaparecer  por el suicidio de su propia mano, símbolo de corrupción y de mentira, eso que cínicamente se ha rotulado con el título de ‘Gobierno de la regeneración’.

Y secundándolo en su obra nefanda, vemos aparecer a su lado ese otro divulgador del fanatismo y educador de la superstición, que audazmente dice ser el propagador de una ‘santa doctrina’: el clericalismo.

Y entre ellos surge robusta, derrumbando prejuicios y mixtificación, elevando  el espíritu y la mente, construyendo una conciencia histórica más elevada e inteligente, la obra diaria y permanente del Partido Socialista, que por medio de sus conferencias, folletos, libros, periódicos, diarios y bibliotecas populares, tiende a sanear toda esa morbosidad que se manifiesta en varias formas, y que vive en lo más profundo de la vida de nuestro pueblo.

Y así, en esa forma noble y fecunda, iremos elaborando los elementos que transformarán las características gauchescas y enfermizas de la política santafesina, para que ella sea el exponente de una adelantada e inteligente democracia, basada en la cultura del electorado y no en el vicio y en la  corrupción moral más aguda y desenfrenada, como ocurre actualmente”. (1)

En otra antiquísima postal, y sobre una reforma constitucional en marcha, indicó que “el resultado de las recientes elecciones provinciales ha determinado que la Cámara de Diputados santafesina cobije en su seno a una mayoría de hombres adheridos al titulado Partido Unión Cívica Radical de Santa Fe - que es la fracción colocada incondicionalmente a las órdenes del gobierno - quienes con la ayuda de algunos otros pertenecientes al bloque demócrata progresista - que ofrecieron ocuparse del asunto - lograrían fácilmente el número necesario para poder efectuar la reforma de la carta fundamental de la provincia.

Las informaciones de la prensa, desde hace varios días, vienen comunicándonos que ella será un hecho, por lo que debemos felicitarnos, de ser tales noticias exactas.

Pero es necesario hacer notar, aunque sea escuetamente, que no es el caso de reformar, sino evitar que la reforma resulte tan o más perjudicial que lo existente. Ello es lo que va a suceder, si en realidad no se efectúa una labor seria y fundamental.

No es mi propósito hacer en esta circunstancia una descomposición minuciosa de todo ese vicioso y defectuoso edificio constitucional. Solamente voy a referirme a uno de sus artículos, que no ha sido insertado todavía por ninguno de los legisladores autores de proyectos sobre el clericalismo, y que según las declaraciones que me hiciera hace pocos días un joven legislador, parece que no será incluido tampoco en la lista de los que, llegado el caso, trataría la asamblea constituyente que se reunirá a ese objeto.

Me refiero al Art. 5º, por el cual se establece ‘que la religión de la provincia es la católica apostólica romana, a la que prestará su más decidida protección y sus habitantes el mayor respeto’.

Para una enorme cantidad de gente este asunto no reviste mayor importancia, pero para los que tienen de la política un concepto más elevado y noble constituye un trascendental asunto de carácter colectivo.

Si la política, a igual  que cualquier otra ciencia, debe en su obra altamente social ser, más que un factor de vulgar curanderismo, una actividad inteligente de previsión, no puede desconocerse en manera alguna y bajo ningún pretexto la importancia de dicho problema.

Y en esa forma lo han entendido desde el autor de las ‘Bases’ hasta una legión de hombres que han actuado en nuestro ambiente político y en diversas épocas de nuestra historia, todos los cuáles han manifestado que el problema religioso tiene una relación íntima especial y profunda con el importante problema de la inmigración. La importancia de este último cuesta muy poco conocerla. ¡Tengamos en cuenta simplemente que la república está casi desierta ... !

Si deseamos poblarla provechosamente, debemos procurar no oponer vallas de ningún género a los hombres que espontánea y libremente desean ser sus pobladores.

Con el artículo 5º de nuestra constitución provincial no hacemos más que fortificar una de esas tantas que se han colocado en diversos parajes de la legislación argentina.

Es menester tener bien presente que quizá sea a la provincia de Santa Fe, a la que le toca más de cerca velar por que el problema inmigratorio sea un factor de progreso, pues es ella una de las regiones agrícolas de más importancia en el país, y creo obvio hacer notar la trascendencia del régimen agrario.

Si debe preocuparle, pues, el problema de la población, debe quitar todo aquello que pueda constituir el menor estorbo para tamaña obra.

Mantener entonces dentro de su carta fundamental un artículo como el transcripto, significa atentar contra el progreso político-económico de la misma.

Lo expuesto se robustece con tener en cuenta ciertos antecedentes históricos, que han tenido, precisamente, su campo de acción en ella.

Fue la provincia de Santa Fe la que tuvo el privilegio de oír primero las palabras que en la asamblea constituyente efectuada el año 1853 pronunciaron hombres del espíritu de Seguí, Lavaisse, Gutiérrez, y otros con respecto a este asunto.

Decía Seguí en una de aquellas interesantes sesiones de la precitada asamblea, que ‘era indispensable la tolerancia religiosa para el progreso del país por la inmigración virtuosa que traería a nuestro suelo’, y Lavaisse, apoyándolo, manifestaba que ‘la libertad de cultos convenía también a la inmigración de extranjeros de cultos disidentes’.

Como se ve, no necesitamos hacer un prolongado análisis del proceso seguido por la causa de la laicización en nuestro país, para hacer notar a los actuales legisladores santafecinos la necesidad que existe de efectuar la reforma constitucional y de que se destruya ese odioso y antipático artículo que crea un privilegio más odioso e injusto aún entre los pobladores de la provincia en beneficio de la iglesia católica.

Además, si se legisla teniendo presente el espíritu que sobre los asuntos predomina entre las masas populares, es evidente que el pueblo de Santa Fe ha manifestado más de una vez poseer un espíritu liberal - si bien es cierto que en muchos se manifiesta en forma  de  diletantismo - y ha llegado a oponerse a que se constituyera en esta ciudad (Rosario) un obispado.

Esperamos, pues, que entre los asuntos que se someterán a estudio de la convención reformadora figure el punto tratado, para que podamos medir con mayor exactitud el grado de progreso en nuestro pueblo.

De no hacerse, se pondrá una vez más en evidencia el concepto pueril que han demostrado hasta ahora poseer los representantes populares en el cuerpo legislativo, con respecto a una actividad de la vida como es la de la acción política.

Y que más que en defensores de los sanos intereses populares, se constituyen en reales defensores de todo lo que pueda ser un privilegio, y en este caso el de la iglesia parasitaria”. (2)

(1) La Vanguardia, edición del 24 de abril 1918.
(2) La Vanguardia, edición del 9 de mayo de 1918.

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