A mediados del siglo XIX, la propagación de la religión católica, apostólica y romana aún se realizaba en la vieja Europa bajo la presencia siempre amenazante de los ejércitos papales, y el protestante suizo-alemán Alejandro Ittig, oriundo del cantón de Valais, decidió no resignar sus creencias religiosas y emigró a la Argentina, arribando en 1853 a Esperanza, desde donde por carencia de tierra pública para asentarse, tuvo que partir con su familia hacia San Jerónimo Norte.
Continuando su peregrinaje en tierras santafesinas, fue luego una de las familias fundadoras de Romang y refundadoras de Cayastá, donde trabajó la tierra durante unos años junto a su esposa Teresa Albrecht, y sus hijos Adolfo, Fernando, María y Sabina.
Precisamente Adolfo Ittig, masón*, que había nacido en 1867, contrajo enlace en 1887 con Ernestina Pavarin, descendiente ítalo-francesa hija de uno de los fundadores de Alejandra junto a los Tourn, Moore, etc., unión de la que nacieron Ernesto, Amaro, Augusto - el 1º de enero de 1898, en la Estancia La Fecunda**, de Berna -, Elma, Adolfina, Armando, Ercilia y Evaristo.
* “La casa Ittig, llamada en ese entonces Villa Helvética, habría sido un importante centro masónico. Interpretamos por esto, que ha sido la sede de la Logia Masónica en las primeras décadas del siglo XX”. (Vidoz Alejandro, La Masonería en Reconquista, Edición 4, Reconquista, 2000)
** Cuando con el paso del tiempo, Augusto ITTIG la heredó, le cambió el nombre por el actual Maria Rosa, en honor a su esposa.
“Originariamente, la vieja casa de la Estancia María Rosa (ex La Fecunda), construida a fines del siglo XIX, tenía tejas de palma: cortaban verticalmente al medio el trozo de tronco, los ahuecaban, y colocaban entrelazando una hacia abajo y otra hacia arriba”. (1)
El 20 de septiembre de 1907 se inauguró simbólicamente el monumento a Garibaldi en Reconquista, y al año siguiente, con diez años de edad, Augusto ITTIG integró la escuadra garibaldina.
Veinteañero estudiante de medicina en Rosario, participó activamente del movimiento estudiantil reformista del ´18, y resistió la tristemente célebre intervención de la UNL de 1922 de Benito A. Nazar Anchorena, designado por el Presidente Alvear, lo que le valió la expulsión de la Universidad junto a 33 estudiantes más.
Por gestión del amigo y compañero estudiantil Hurtado, consiguió reinscribirse luego en la Facultad de Medicina de Córdoba, donde se instaló en la Casa de Troya*, ubicada en la calle Neuquén a media cuadra de la Facultad, donde “una Señora les cocinaba, y los domingos les servía un plato con dieciocho pequeños ravioles, y nada más, porque hasta ahí alcanzaba el dinero”. (2)
* Símil de la Casa de Troya que existía en España, donde convivían estudiantes bajo estrictas medidas disciplinarias que ellos mismos fijaban, con absoluta prescindencia política y religiosa, donde los mismos estudiantes nombraban un Gobernador, que era el estudiante encargado de administrar los dineros para los gastos en común, y de vigilar el cumplimiento de los horarios para el estudio y el descanso.
Recibido de médico en el ´28, instala su consultorio en Reconquista, adquiriéndoselo a un médico que emigraba.
El 5 de junio de 1929, y después de diez años de noviazgo (fueron novios desde que cursaron juntos en el Colegio Nacional de Santa Fe), contrajo matrimonio con María Rosa Serrano, quien en el ´27 se había recibido de odontóloga, trabajando como tal en Santa Fe durante aproximadamente un año, unión de la que nació el 2 de diciembre del ´35, la única hija biológica: Ernestina María Rosa, la que tuvo dos hermanos de crianza, Héctor Ittig y Adolfo Maggio, unos tres años mayores que ella.
La ficha de afiliación de ITTIG al PS fue aceptada el 14 de diciembre del ´31, firmada por Froilan LUDUEÑA (h), siendo electo concejal de Reconquista el 17 de enero del ´32, función en la que se destacó por su actuación en defensa de los intereses públicos e iniciativas que contribuyeron al progreso de la ciudad, habiendo ejercido la Intendencia Municipal entre el 10 y el 15 de junio de 1932. En esa época fundó y dirigió el periódico Renovación, vocero del socialismo reconquistence durante las décadas del ´30 y del ´40.
En su intensa militancia, viajó permanentemente al interior del norte santafesino, y le correspondió inaugurar el proselitismo socialista en Las Toscas, donde por primera vez se realizó un acto socialista el 7 de enero de 1934: “Ante más de 150 personas, en su casi totalidad trabajadores de los ingenios azucareros allí existentes, hablaron los compañeros Corsino CASTAÑEDA, Benito CARRACEDO, y Augusto ITTIG, quienes explicaron ampliamente los principios y aspiraciones inmediatas del Partido Socialista, señalando también la diferencia notable que existe entre los partidos tradicionales y el socialismo. El público, que exteriorizó su adhesión a los conceptos vertidos por los oradores con repetidas ovaciones, quedó gratamente impresionado”. (3)
Los Ittig tenían varias propiedades inmuebles que, a la usanza de la época, eran administradas por el padre y, a su desaparición, por el hermano mayor. A inicios de la década del ´30, fallece Ernesto, y “toma las riendas” de la administración, Amaro Ittig, quien se caracterizó por una férrea conducción económica, sin participar ni distribuir dividendos entre los hermanos. Hartos de ese autoritarismo, en los primeros años de la década del ´40, “un caluroso medio día, en vez de siestear o contestar la numerosa correspondencia que habitualmente recibía, papá (Augusto ITTIG) salió de casa sin decir nada. Fue a la Estancia donde Amaro estaba durmiendo la siesta; ingresó a la habitación sin decir una palabra más que el saludo ante la sorpresa del personal, y despertó a Amaro apoyándole el revólver en la cabeza, para decirle: ‘Te doy seis meses para que arreglés la situación con tus hermanos, y nos des a cada uno lo que nos corresponde’”. (4)
Con lo que heredó, Augusto ITTIG compró una estancia de varios miles de hectáreas en el Chaco, a la que bautizó La Vanguardia, y que pasados algunos años, vendiera, para concentrar sus propiedades en la zona de Berna.
“En casa – nos contó su hija – prácticamente no se cenaba. Se desayunaba y se almorzaba bien. Un vecino le traía a Papá el ‘apoyo’ de la vaca, y su desayuno preferido era una taza de leche, y galleta untada con “apoyo””. (5)
Como médico - fue durante varios períodos director del Hospital de Reconquista - estuvo siempre al servicio de quien lo necesitara, y era habitual que atendiera gratuitamente a quienes no estaban en condiciones de abonar la consulta, y ante las limitaciones de la medicina en general, pero particularmente en el interior del interior, debió aguzar el ingenio para responder en la emergencia: “En una oportunidad, una máquina de las que trabajaban en el campo, aplastó a un chico de doce años. Recortó un lienzo sobre la medida de su cabeza, y mientras le trepanaba parte de los huesos craneales, le mandó la medida a Carlos Maule - el único comunista que había en Reconquista, muy amigo de los socialistas y socio de la Biblioteca Juan B. Justo, que era muy hábil para tallar el hueso y moldear el cobre, y que en una oportunidad nos había regalado un fémur tallado representando a un hombre meditando -, y éste le hizo con una plancha de aluminio, una tapa que engarzó perfectamente en la cabeza del niño en reemplazo de los huesos rotos. Ya veinteañero, el joven nos visitó para agradecerle aquella operación, y Papá (Augusto ITTIG), tras admirar lo bien que había quedado, le señaló que el gran mérito era de Maule, sin cuya artesanía no se hubiera dado ese éxito”. (6)
“Otra vez, en un accidente que lamentablemente era bastante habitual en el campo de entonces, a un joven se le escapó un tiro de escopeta al cruzar un alambrado, y la perdigonada le hizo dieciocho agujeros en los intestinos, por lo que hubo que hacerle la misma cantidad de cortes, añadiduras y suturas, habiéndose recuperado de tal manera que llevó una vida normal”. (7)
“Yo era la colita de mi padre, y no sólo lo acompañaba a visitar los pacientes, sino también a las reuniones políticas, a las charlas que daba, y a las de la Biblioteca, que estaba en la Casa de Temístocles COCCIOLI: era una habitación grande al frente de la casa, con todas las paredes recubiertas de libros”. (8)
Delegado a congresos provinciales y nacionales, ITTIG fue varias veces candidato a diputado provincial y nacional, y a vicegobernador, acompañando para las elecciones del 11 de noviembre del ´51, a Rinaldo LUCCHINI, candidato a Gobernador de Santa Fe.
En la década 1945/55, la familia Ittig sufrió persecuciones políticas: además de “agresiones verbales contra la familia, fue cesanteada como docente María Elena Ittig, veinteañera rebelde que no vaciló en pedirle audiencia a Perón para exponerle: - ‘Soy radical, no peronista, y fui cesanteada por orden de la legisladora peronista …, en una clara actitud de persecución política’. – ‘Mirá hija, le contestó Perón, contra esa legisladora yo no puedo hacer nada (¡?), pero te voy a dar un cargo de maestra en una escuela de aquí (Capital Federal)’”. (9)
“Pero a Papá (Augusto ITTIG) casi lo fundieron. Había puesto un establecimiento avícola con cinco mil gallinas ponedoras Legort, enviando toda la producción por tren a Rosario. Allí, el sindicato peronista le dejaba el vagón una semana o diez días en la playa de maniobras, expuesto al sol. Cuando los huevos llegaban al mercado, estaban todos podridos. Tuvo que abandonar el emprendimiento”. (10)
En el ´55, además de integrar la Junta Consultiva en Reconquista, fue Interventor del Hospital, donde “tuvo que batallar incansablemente, llegando al Hospital en diversos horarios, para poner fin a las malas prácticas y colocar efectivamente al prestador público al servicio del pueblo”. (11)
Fue corresponsal en Reconquista y la zona del diario porteño La Prensa, seguramente a partir de la amistad que lo unía con Gainza Paz.
Falleció en Reconquista el 28 de agosto del ´76. Eduardo Moreno redactó la necrológica aparecida en La Prensa: “constituyó una sentida demostración de pesar causado por su desaparición, el acto del sepelio realizado en el cementerio de Reconquista de los restos del Dr. Augusto ITTIG, quien durante muchos años se desempeñó eficazmente como corresponsal honorario de La Prensa en Reconquista, y posteriormente como consultor, a partir de 1961. El extinto formaba parte de diversas Instituciones locales en donde prestó su valiosa colaboración y en las que gozaba de general aprecio por su caballerosidad y honorabilidad. En su tarea periodística se desempeñó con objetividad: informó sobre los asuntos de gravitación para los intereses locales y de la provincia, y contribuyó así a su conocimiento”. (12)
Por su parte, La Vanguardia expresó que “su labor profesional, la ejemplaridad de su conducta como ciudadano, a la vez que su colaboración en el movimiento cooperativo, cultural y en diversas entidades de bien público, consolidaron un prestigio tan sólido como merecido.
En la vida partidaria cumplió una intensa tarea de organizador y animador, probando siempre firme lealtad a los principios y métodos socialistas. Fue sin duda un militante entusiasta, eficiente y capaz, contribuyendo a que el Centro Socialista de Reconquista fuera uno de los que registraran mayor número de afiliados. En circunstancias difíciles para la Agrupación, pudo ella contar siempre con el apoyo del compañero ITTIG, no sólo desde el punto de vista de su adhesión y lealtad, sino en lo referente a exigencias legales impuestas para el reconocimiento de la personería política.
Era, en verdad, el médico dispuesto a prestar, abnegada y desinteresadamente, sus servicios a los trabajadores, que tenían en él, tanto como un profesional experto, un amigo y consejero.
Su personalidad y acción se destacaron con perfiles nítidos en el Partido Socialista, mereciendo la simpatía y aplausos de sus figuras más representativas.
Su recuerdo perdurará en cuantos lo conocieron y apreciaron su hombría de bien y su nunca desmedido afán de servir los ideales que había abrazado desde la mocedad.
El ejemplo del apreciado e inolvidable militante guiará a quienes deben proseguir la intensa y aleccionadora labor de tan apreciado militante del socialismo”. (13)
En nuestra larga y agradable charla con su hija Ernestina, finalizó evocando a su padre con el cariño de hija agradecida: “Papá fue siempre muy valiente, aguerrido, combativo, audaz y luchador. Siempre me decía que le hubiera gustado conocer civilizaciones extraterrestres. Fue un excelente esposo, padre y persona”. (14)
(1) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
(2) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
(3) La Vanguardia, edición del 14 de enero de 1934.
(4) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
(5) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
(6) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
(7) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
(8) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
(9) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
(10) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
(11) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
(12) La Prensa, edición del 1º de septiembre de 1976.
(13) La Vanguardia, edición del 15 de septiembre de 1976.
(14) Relatos de Ernestina Ittig, Berna, marzo de 2005.
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