De oficio “aparador de calzado”, fue corresponsal de La Vanguardia en 1913/1914, habitual colaborador de la misma, y activo militante socialista en el Rosario de esa segunda década del siglo XX.
El 5 de julio de 1912, participó de la asamblea realizada en el Centro Socialista de Rosario, junto a Narciso A. GNOATTO, José M. LEMOS, Agustín REYNÉS, Julián NICOLÁS, Cristóbal R. SOLARI, Ramiro BLANCO, Máximo y José POCHAT, Víctor POZZOLI, César FORNARI, Francisco MALDONADO, y Amadeo STEGAGNINI, entre otros, en la cual se constituyó el Ateneo Popular del Rosario, “una institución de enseñanza general”, que “realizará sus fines por medio de conferencias sobre temas científicos, literarios o artísticos; por la realización de cursos; creación de bibliotecas; etc.”, quedando “excluida de su acción toda tendencia dogmática, desarrollándola sólo de acuerdo con el espíritu científico de la pedagogía moderna”. (1)
En la primavera del ´13, el entonces novel Senador Enrique DEL VALLE IBERLUCEA visitó Rosario y fue invitado a presidir una asamblea socialista en el Centro local: “Al retirarse, manifestó que sentía no haberse puesto a disposición del Centro Socialista para realizar alguna conferencia, pues las tareas parlamentarias habían truncado su plan de gira, con el objeto de realizar un estudio de las condiciones de trabajo en los obrajes de Resistencia, debiendo estar en la Capital Federal rápidamente para concurrir a las sesiones de prórroga. En cambio, prometió que para las vacaciones prestaría su valioso y decidido apoyo a la propaganda socialista en esta provincia”. En dicha asamblea, “se resolvió que el Centro intervenga en la discusión de la reforma de la constitución provincial, para cuyo efecto se nombró una comisión especial encargada de estudiar ampliamente el asunto, que es de gran importancia”, integrada - entre otros - por Agustín REYNÉS y José POCHAT; también “se acordó efectuar una fiesta a beneficio del periódico La Verdad, próximo a aparecer”, cuya “comisión de fiesta” integró José POCHAT, además de Tomás VELLES, Primo SIRONI, y Julio ROSSI, entre otros; y en “reemplazo de José ROSSI, se nombró corresponsal de La Vanguardia, a Noé S. MARTORELLO”. (2)
Tras la finalización del XIIIº Congreso Nacional, y XIIº Ordinario del PS que se realizó en Rosario los días 23 al 25 de mayo de 1914 y presidiera Juan B. JUSTO, en ese último día se reunió en el local de Corrientes 1247, el Congreso Constitutivo de la Federación Socialista Santafesina, cuya primera sesión fue presidida por Román RODRÍGUEZ DE VICENTE, y la segunda por Martín CASARETTO.
El Congreso nombró una Junta Ejecutiva* integrada por Máximo POCHAT (obtuvo 234 votos); Agustín REYNÉS (294); Ramiro BLANCO (294); Manuel MOLINA (214); Noé S. MARTORELLO (160); César FORNARI (157); José Guillermo BERTOTTO (157), como titulares, y como suplentes: José POCHAT, Víctor N. POZZOLI, Ramón LUNA, Primo SIRONI, Julio ROSSI, Francisco MALDONADO, e Iluminado CANDELAS: “El Partido Socialista cuenta desde hoy con un organismo más que contribuirá a mantener la cohesión de los afiliados, al mismo tiempo que extenderá la propaganda y la acción por el extenso territorio santafesino”. (3)
* Hecha la distribución de cargos, correspondió la secretaría general a Ramiro BLANO, la de actas a César FORNARI, y la tesorería a Máximo POCHAT.
Entre las colaboraciones más destacadas de MARTORELLO en La Vanguardia, caben mencionar una serie de crónicas sobre La Forestal*, donde bajo el título de Un Feudo Chaqueño, denuncia, ya en mayo del ´14, que “a los trabajadores de los obrajes se les paga con un vale, equivalente, en parte, al salario, que la compañía descuenta a su antojo”, con lo que se podía “apreciar cómo la prepotencia capitalista, suprime por completo y de una manera absoluta, la legislación civil por la que se consagra la igualdad de derechos ante la constitución y ante las leyes que rigen”, como asimismo “hasta qué punto llega la expresión del patriotismo de nuestros sesudos estadistas, que aporta laudatorias a los colores celeste y blanco, y uncen muy patrióticamente al proletariado argentino, al aborigen, al yugo de una explotación bárbara y criminal, propias de épocas medievales”.
* Obsérvese que por entonces, Gastón Gori no había nacido aún (nació el 17 de noviembre de 1915), y tras un cuarto de siglo de trabajo, publicó su extraordinaria obra de investigación y denuncia sobre La Forestal: tragedia del quebracho colorado, en 1965.
Tras mencionar que “mientras en la Capital Federal el proletariado manifiesta abiertamente sus ansias de libertarse de las trabas que el Estado le pone en su camino de ascensión, eligiendo sus legítimos representantes, en el norte argentino, … en los pequeños pueblos, dependencias de señores de horca y cuchillo, no se conoce la biblioteca ni el folleto, factores poderosos de cultura popular, existiendo un proletariado esclavizado miserablemente”, se propuso analizar detalladamente las condiciones de trabajo, horario, jornal, vivienda, etc.
En relación a la duración de la jornada laboral, MARTORELLO denunció que “la compañía La Forestal, en sus diferentes secciones de Calchaquí, Villa Ana, Gallareta, Tartagal y Villa Guillermina, dentro de los establecimientos, tiene establecido un horario invariable” de 12 horas diarias sin descanso durante el almuerzo: “por lo que los trabajadores tienen que almorzar mientras están trabajando”.
Sobre los salarios, denunció el pago en vales y la rebaja de los mismos, mientras que como “la empresa es dueña de vidas y haciendas, y de todo cuanto existe es su feudo, la vivienda del hombre que trabaja en los obrajes es una choza de seres irracionales. Forzosa e indispensablemente, el trabajador debe alquilar un ‘rancho’, o alquilar el terreno y construirlo en él, que pertenecen siempre - terreno y ‘rancho’ - a la empresa”, tras lo cual transcribió las leoninas condiciones del contrato de alquiler.
Asimismo, “los artículos de primera necesidad, comestibles, vestido, etc., los vende la empresa, imponiendo tales precios, que todo el salario que perciben queda íntegro en las arcas de la compañía. La Forestal no permite que ningún comerciante abra su tienda en los territorios de sus dominios, pues siempre que tiene conocimiento de que en sus tierras hay algún mercader, lo hace detener inmediatamente por la policía y lo embarca en el primer tren, con orden terminante de no dejarlo bajar sino donde no estén sentados los lares de la empresa. Los trabajadores están obligados a pagar el dos por ciento del salario que perciben para sostener un médico y botiquín que jamás han visto ni verán”.
La policía “dependiente del Estado, es costeada, nombrada y manejada por La Forestal. En los locales de las comisarías todavía existe el ‘cepo’ y el calabozo inmundo y pestilente. Al obrero que no quiera trabajar la empresa se encarga inmediatamente de hacerlo ‘capturar’, azotándolo si se resiste y obligándolo a trabajar. Un inspector de la empresa es el encargado de nombrar el comisario que siempre es el ‘hombre de confianza’ de él, y es el individuo más cínico y bárbaro de aquellas regiones, porque es cualidad indispensable para ese cargo tener instinto de hiena y ‘muchísima sangre fría’ ... Se ha dado el caso de que el ‘comisario’, por el solo hecho de ser rechazado por la mujer de cualquier trabajador, se ha ‘vengado’, descerrajándole un tiro de revólver al marido inocente”.
MARTORELLO finalizaba aquella contribución de mayo del ´14, convocando a “dirigir nuestros más vehementes esfuerzos al norte argentino, para intentar librar cuanto antes del yugo infamante de esa explotación criminal a tantos numerosos hermanos nuestros de infortunio y pesares”. (4)
Al poco tiempo, con otro suelto titulado El Feudo Chaqueño y la Perspicacia Radical, MARTORELLO volvió sobre la cuestión, reclamando “la atención del gobierno provincial” para resolver “los conflictos entre el capital y el trabajo”, ya que “las características que ofrecen estos trabajadores, exentos de las más elementales nociones que hoy anidan en el cerebro del proletariado urbano, incitan a los gobiernos, aún a los más reaccionarios, a que extiendan sus miradas a esa falange de anónimos productores que, en el silencio imperturbable de la indiferencia, elaboran también la riqueza nacional”.
Tras cuestionar la complicidad del gobierno de entonces ante tan salvaje explotación, propone “la creación de una oficina estatal en el sitio mismo de la explotación, con objeto de hacer cumplir las prescripciones de la legislación que se dicte”, ya que si “se tiene el deseo de atenuar el sistema bárbaro de La Forestal, se debe obrar sin miramiento alguno para con esa empresa. La implantación de un horario máximo que no exceda de ocho horas, resolvería el problema de la jornada prolongada de sol a sol, dando al trabajador el tiempo necesario para recuperar, descansando, las energías que perdiera en la labor diaria”.
Tras proponer un aumento salarial promedio del 50%, “lo que no afectaría mayormente a los caudales de La Forestal por ser enormes sus ganancias”, advierte que “no debe descuidarse en ningún caso la vivienda del obrero”; que “es necesario que el gobierno expropie algunas fracciones de terreno y funde en ellas pequeñas colonias y facilite, no ya el alquiler del terruño, sino la compra. De esa manera se evitarían los atropellos de La Forestal a los pobladores que están bajo su dependencia, y se contribuiría a engrandecer la población del país”, porque “los pobladores de ese feudo, al gozar de la libertad de vivir, cosa que ahora no existe, harían surgir el comercio, la libre competencia, y propulsarían indiscutiblemente el progreso en todo sentido y en todos los ámbitos de aquellas regiones”.
Asimismo, “la prohibición del expendio del alcohol y la fundación de escuelas para niños de edad escolar de día y para adultos de noche, debe constar entre las enumeraciones a hacer sobre la legislación que nos ocupa”. (5)
Inmediatamente de iniciada la Iª Guerra Mundial se sintieron sus efectos en estas latitudes, y quien permanentemente exteriorizó su preocupación por los excluidos y las injusticias sociales, no podía dejar de aportar su visión del momento, y en La Desocupación, afirmó que “como ciudad contigua a la Capital Federal, Rosario siente aún más intensamente los efectos desastrosos de la crisis reinante, y a su seno afluye más gente desocupada que a cualquier otra ciudad del interior; y por esa razón es que resulta más importante cualquier medida que tendiera, si no a resolver radicalmente el problema, al menos a atenuar sus efectos en el seno de la clase trabajadora”.
Constituida una Comisión Popular para evaluar acciones que contrarrestaran esos efectos, ésta decidió “solicitar al gobierno de la provincia iniciara obras públicas para dar ubicación a los desocupados”, fijando un salario francamente miserable, tras lo cual MARTORELLO salió a la calle “con objeto de recibir impresiones de los obreros desocupados … De ocho trabajadores entrevistados, solo dos sabían leer y escribir, y dos también eran los casados. Por cada cuadra que tienen que arreglar ocupan una cuadrilla de 30 peones que está bajo las órdenes de un capataz. Según la nacionalidad del capataz, es también la de su cuadrilla, por preferir los encargados vigilar a los trabajadores que sean de su misma nacionalidad. Los salarios se pagan con vales equivalentes al valor intrínseco del salario, y son canjeables en cualquier almacén. Nos informaron que en el almacén La Laguna, sito en San Nicolás y Montevideo, se descontaba el 5% de los vales, lo que ponemos en conocimiento de la comisión popular, para que exija que no se haga semejante extorsión con quienes ya demasiado están explotados … Al retirarnos, nos sorprendimos al ver tras de nosotros una pareja del escuadrón de seguridad, e inquirimos el motivo de su presencia en aquel sitio. Nos contestó uno de los agentes, muy ingenuamente, que ellos estaban allí para cuidarlos”. (6)
Pero si hoy día aún desde el mismo Estado cuesta asumir con seriedad y sin demagogia las políticas de inclusión social, cuánto no habrá costado al Estado de aquella mucho más imperfecta democracia de siglo atrás: “La miseria y el hambre del pueblo ha servido esta vez más que nunca para que banqueros, terratenientes y latifundistas recalcitrantes, dejaran ver cual miserables cocodrilos, sus lágrimas de solidaridad, de sentimientos, de adhesión hacia el dolor colectivo que no es posible disimular. La actitud de esta gente que siempre ha visto con indiferencia, hasta con desprecio maligno, las más apremiantes necesidades del proletariado, tiene su sentido filosófico por así decirlo. Para la clase poseedora es más fácil remediar que prever. Y de ahí sus desvelos por salvar del hambre a la muchedumbre demacrada que, con mejillas sobresalientes y ojos hundidos, pulula por las calles de Rosario como perenne espectro que desafía con su presencia el derroche invariable que en horas vespertinas ostenta la alta sociedad en los paseos públicos. Por eso es que un automóvil repleto de avisos que proclamaban la miseria reinante al mismo tiempo que solicitaban ‘una limosna’, atravesó las calles de la ciudad ostentando graciosas y gentiles siluetas femeninas que solicitaban y aceptaban el óbolo al compás de los acordes de una murga destemplada. Era menester que la sinfonía monótona y desagradable hablara a los sentidos, y era menester también atraer la atención de todos para hacer constar desde las columnas de la prensa rica que la familia tal se preocupa por las clases menesterosas …
Para los eternos desocupados, la desocupación de los que viven del trabajo les proporciona un momento de diversión, una ocasión más para distraer el ocio y destruir el tedio de los días invernales. Diríase que el hambre del pueblo fuese una cosa necesaria para proporcionar diversión a la clase poseedora; parecería que la risa histérica de maniquíes de salón y de niños afeminados confundidos en rítmico contubernio con la música obligada y decadente de las fiestas aristocráticas, pretendiera apagar la voz plañidera de los necesitados que quieren violar los dinteles del placer y la orgía.
Y nuestros afligidos amigos, los salvadores del dolor humano, caminan, corren, vuelan, se multiplican en pro del óbolo, tras de la migaja miserable y denigrante que el opulento burgués se complace en dar, porque le cobra y porque sabe que en esa forma consigue justificar la bonanza de la existencia del rico y del pobre, de la caridad cristiana, la existencia del necesitado, del hambriento y menesteroso y la del hastiado por las regalías del medio en que vive, del eterno indigestado y desocupado. Porque sabe que la limosna que da la yergue en cristianos pedestales, porque lo que le proporciona al que ininterrumpidamente ha producido no alcanzará a calmar las nervosidades de su estómago abismado; porque en esa forma tendrá en lo sucesivo en vez de hombres que trabajan dignamente, siervos que lamerán las manos del verdugo y acariciarán los nudos ensangrentados del látigo que ha chasqueado espaldas encorvadas. En síntesis: es esto lo que significa ese desborde de caritativos y cristianos sentimientos de la clase burguesa con respecto a la situación de los desocupados”.
Después de esa terminología típica de los idealistas de entonces y tras señalar que “el aspecto triste de las calles de Rosario no deja de ser alarmante”, porque “hombres demacrados con ojos hundidos, con vestidos desgreñados, la barba luenga y el cabello abundante, son los que atraviesan las calles de la ciudad”, afirma que ello “contrasta con la silueta que se divisa y que se diseña al contemplar sus gigantescas chimeneas, que se yerguen altivas cual eternas interrogaciones a lo infinito y desconocido. Contrasta la abundancia de desocupados, porque las fábricas y talleres, antes, al terminar sus labores, lanzaban a las calles millares de trabajadores que daban el aspecto de un enorme hormiguero”, y concluye: “¡Es que el trabajo creador vigoriza la vida haciéndola menos monótona, más agradable porque el organismo humano distrae en esa forma toda su intensidad productiva!”. (7)
En la primavera del ´14 se acercaba el día de las elecciones para renovar el Concejo Deliberante, momento propicio para recordar la lucha eterna del socialismo para que la representación popular sea genuinamente popular, garantizando el voto secreto, universal, y directo, y la representación proporcional, valores negados en un sistema electoral que sólo permitía el derecho a votar a los que estaban empadronados con contribuyentes de impuestos, y en Crónicas Rosarinas, MARTORELLO denunció las proscripciones que pesaban sobre el electorado de Rosario, que consagraba un sistema político “anacrónico y censurable, al mismo tiempo que una doctrina regresiva y peligrosa para la democracia embrionaria del país. La igualdad política, en este caso, queda reducida, sencillamente, a una expresión decorativa, a una fórmula nula y enteramente elástica. Se logra sentar el principio del privilegio en política, tan peligroso como el privilegio económico. Se ha creado una aristocracia del dinero, que es dueña de los medios de producción y de cambio, pero creada y sostenida por la violencia y la extorsión; pero no es posible constatar la consagración de un principio de privilegio en política sin exteriorizar la más enérgica y franca protesta. Por este sistema de elección también se niega a la clase trabajadora, principalmente, derechos primero y luego capacidad y nociones para administrar sus propios intereses. No es de nuestros tiempos, después que la ley nacional de elecciones ha dado tan excelentes resultados, la conveniencia de ser consecuente con los resabios más execrables de nuestro mosaico político …
El más humilde de los argentinos capacitado políticamente para emitir su voto y decidir en las elecciones de diputados y senadores provinciales, como así también en las de diputado y senador nacional, y en las de presidente y vice de la república, no está capacitado para elegir concejal municipal en la ciudad de Rosario, porque para tener derecho de emitir su voto en las elecciones, es necesario pagar impuestos. Ahora bien: ¿los argentinos y extranjeros no pagan impuestos comunales, provinciales y nacionales? … Todos por igual pagamos impuestos en forma indirecta … Pero la democracia es pisoteada tanto o más que la constitución del país, pues la aristocracia del dinero, prepotente y audaz como la económica, nos somete a la no menos bárbara presión política … La composición del Concejo deliberante será un vivo reflejo de los elementos que concurrirán a su elección. Terratenientes que explotan miserablemente a la clase obrera mediante extorsivos alquileres de boardillas que sirven de habitaciones; mayoristas e intermediarios que trafican con la salud del pueblo adulterando los artículos de consumo para percibir mayores ganancias; caftens y dueños de prostíbulos, estarán representados en el Concejo deliberante, pero no lo estará el pueblo productor, esa enorme falange que anónima e ininterrumpidamente elabora la riqueza nacional”. (8)
Los socialistas eternamente militamos en el convencimiento de que “hay que educar al soberano”, y no ha habido plataforma electoral ni posición política de representante socialista alguno que no promocionara en su programa de acción, el educar, el priorizar la educación pública, universal, común, gratuita y laica para que todos, colectiva e individualmente, no sólo sepamos defendernos en la lucha por la vida, sino también conozcamos cuáles son los derechos que nos asisten y estemos culturalmente habilitados para ejercerlos y hacérnoslos respetar.
MARTORELLO denunció una y otra vez, y propuso medidas de acción para combatir el atraso, y con el título El Analfabetismo, denunció “la tradicional desidia que la clase gobernante ha evidenciado ante el más terrible de los enemigos sociales: el analfabetismo. Desde que las guerrillas han dejado de ser entre nosotros un arma más o menos decisiva de regresión política, y el ejercicio del sufragio, con su indispensable cortejo de fraude, venalidad, etc., ha constituido la característica de la vida política del país, el analfabetismo es el problema de mayor importancia planteado y cuya solución está aún por sancionarse. Para gobiernos e instituciones que apoyan su acción administrativa en el más elevado nivel intelectual del pueblo, sería preocupación inmediata y constante el fomento de la instrucción primaria, dado que con ello contribuirían a consolidar las bases de esos gobiernos, significando a la vez garantía permanente de estabilidad.
Entre nosotros ocurre lo contrario. La clase capitalista, siempre unida para defender sus intereses, rompe transitoriamente sus vínculos por rivalidades personales y se disputa la posesión del gobierno. A tal fin da al pueblo inconsciente lo que por su propia capacidad no ha conquistado: el sufragio; vale decir, que la clase adinerada facilita a la masa ignorante la manera de vivir en perpetua ficción democrática. De tal manera se perpetúa la ficción democrática, que permite desfilar en los gobiernos nacionales y provinciales, facciones con distintos rótulos, pero con idénticas aspiraciones de usufructo personal. Genuinas representantes del privilegio, jamás olvidan sus intereses, que se tornan sagrados por la protección que desde el gobierno se facilita, y no vacilan en extorsionar al pueblo argentino, a quien dicen proteger ...
Haciendo honor al origen espurio de sus triunfos electorales, de lo que menos se preocupa la clase gobernante es de los intereses que de una forma inmediata atañen al pueblo trabajador. Y lo demuestra el grado de analfabetismo existente en el país”.
Tras preguntar si resulta lógico pretender que la clase capitalista que nos gobierna combata el analfabetismo, se responde negativamente, porque “instruir al pueblo trabajador significa dar paulatinamente su contenido real al sufragio ejercido en la actualidad inconscientemente, lo que equivale al desalojo lento, pero seguro, de las oligarquías imperantes”, y porque “a la capacidad como elector se agregaría el surgimiento de una conciencia clara como productor, lo que induciría a la clase obrera a organizarse política y económicamente”, por lo que concluía que “no resulta viable para una clase dirigente que cifra su poder y su estabilidad en el gobierno, en la mayor incapacidad e ignorancia del pueblo, combatir precisamente los factores que le dan vida … Pero, ¡infelices de aquellos que se opongan al paso triunfal del progreso, pues lo que menos respeta son las tradiciones que viven de la ignorancia!”. (9)
Fueron muchas las postales pintadas por MARTORELLO, desde el prisma rosarino y socialista, y con descarnada crudeza de aquella década del ´10. Pasaron - entre otras - las impresiones desde la lejanía de la primera guerra mundial, y la lucha socialista contra la infiltración clerical. Pero una que mereció ser publicada en diferentes entregas y que rescatamos de la incuria del tiempo, fue sobre La Política Argentina y el Caudillismo, donde el militante socialista desenvainó todo su conocimiento sobre la historia del país y la realidad política, tanto como su convencimiento en la bondad de las ideas socialistas.
Fue en 1917, y comenzó afirmando que “el progreso político evidenciando en el país desde la aplicación de la ley Sáenz Peña y propulsado por ésta … se ha hecho sentir solamente en los procedimientos puestos en práctica por las camarillas personalistas, que se desviven por encaramarse en el poder, no así en la capacidad y conciencia media del electorado. La estricta aplicación de la ley Sáenz Peña ha puesto un dique insalvable a los políticos del antiguo y del nuevo régimen, plantándoles un dilema que debían afrontar con la misma sangre fría y cinismo con que realizaban sus hazañas electorales. El dilema, en realidad, era de adaptarse al nuevo medio creado por la ley mencionada, o sucumbir por los beneficios que de la aplicación de esa misma ley irradiaran. Fervientes cultores del instinto de conservación, no podían menos que adaptarse al medio, para lo cual era necesario sólo acudir al Jordán radical o cambiar de rótulo, de etiqueta …
Desde luego, se nota que la ley Sáenz Peña ha contribuido poderosamente en el sentido de librar de escollos el camino por el cual sigue y continuará el progreso, lento, paulatino, pero seguro que desde su aparición el Partido Socialista ha iniciado en el país. Como ley, la de Sáenz Peña no podía contribuir en mayor grado ni en otra forma al progreso político de la república. Ella se concreta a dictar normas de conducta de inapreciable valor para la realización del acto eleccionario; reglamenta sus preliminares; garantiza la emisión del sufragio, y conserva su autenticidad, que era lo más que se podía exigir antes de su sanción. Apreciamos sinceramente la consistencia de la ley y le reconocemos todo su valor como factor de indiscutible progreso en la política de la república …
Para que el progreso político sea general, para que abarque las diversas fases de las múltiples manifestaciones de la democracia que tiende a implantarse en nuestro país, no basta sólo la aplicación sincera de ideas claras y definidas sobre los problemas inmediatos de gobierno por las agrupaciones que luchan por asumir la dirección y administración de la cosa pública; es un síntoma de adelanto político. Pero no deja de ser una burda ficción cuando esas ideas se las emite al solo objeto de atraer prosélitos con el propósito de erigirse en oligarquías rapaces. A los partidos que luchan en nuestro medio político les está encomendado el resto de la labor fecunda indispensable para que el progreso político del país sea integral”.
Pero una vez más el analista no podía dejar de interrogarse si se podía “esperar la concurrencia de partidos en la más amplia acepción de la palabra para que ese anhelo de progreso sea efectivo”, y si existían en el país “agrupaciones políticas dignas de llamarse partidos orgánicos”.
Ello, porque veía “el mal ejemplo de corrupción política incubada en las altas esferas políticas y administrativas”, a las que catalogó como “casta vergonzante y hasta pundonorosa en razón de su alejamiento de la anterior administración, pero lo suficientemente sensible a las voluptuosas tentaciones que produce una nueva situación de privilegio. Por eso no es extraño que cada elector vea en su voto la mejor recomendación para su ubicación en la administración de la cosa pública, prescindiendo de la idoneidad indispensable, pero invocando los ‘servicios prestados’ en los comités”.
Sostenía entonces MARTORELLO que “para un pueblo es condición esencial, para ser libre, ser capaz, y esa capacidad no es más que la resultancia de un bienestar económico y social”, razón por la cual pretendía que el pueblo participara activamente de la vida política, “y no sólo en épocas electorales”, en su condición “de productor, consumidor, de elemento social que provoca y propulsa el progreso en determinados órdenes de la sociedad”, para ejercer el “derecho de participar de todos los beneficios y bondades que la sociedad pueda prodigarle”. (10)
En una segunda entrega, continuó analizando las particularidades de las fuerzas políticas desarrolladas en el marco de aquella realidad de “contornos de pueblo civilizado … y adopción de medios de producción y cambio modernos, lo que implica la existencia de un capitalismo más inteligente, pero no por eso menos explotador. Es incontrovertible - afirmó -, y más que la sociología, los hechos lo han demostrado, que allí donde el progreso técnico se acentúa con caracteres definidos, surge, inevitablemente, un proletariado mayormente instruido, en razón de que su inteligencia debe ser solicitada con frecuencia por la constante evolución de la técnica”, no obstante lo cual los partidos burgueses, para “triunfar en las elecciones” deben “poseer ‘elemento’ - denominación atribuida al viejo régimen, pero perfectamente calcada en el nuevo -, formar comités con ciudadanos que estén en pleno goce de sus derechos políticos, aunque la ley se los niegue por su excesivo afecto a lo ajeno, u otras circunstancias”. (11)
En una tercera entrega analizó otra agrupación política “formada por empleados y trabajadores, cuyos intereses son diametralmente opuestos a los que encarnan los ‘notables’, en razón de que no son de una misma clase social. No los vincula, pues, ningún interés común, y mal puede haber afinidad de ideas, aspiraciones y anhelos desde el momento que no hay el motivo, la razón y el fundamento de un ideal que compendie y sintetice esos intereses y aspiraciones …
Observados desde este punto de vista - afinidad de intereses, etc. – que no pueden formar sino un grupo de electores absolutamente heterogéneo, anarquizado, por eso mismo: grupo que, si no converge en su seno a hombres de un mismo ideal económico-social, tampoco puede ofrecer en su ‘organización’ interna la igualdad de derechos y deberes que debiérase exigir …
En realidad, la masa anónima de ciudadanos que componen los comités, no interviene para nada en la marcha del ‘partido’, en la enunciación del programa, de una plataforma electoral, o en la reforma de su ‘carta orgánica’. Si bien no interviene tampoco en la designación de los candidatos, estos, una vez elegidos por el grupo de ‘notables’ dirigentes, y después de haberse encumbrado en la diputación o gobernación, nada tienen que informar a los ‘afiliados’, a sus ‘correligionarios’, puesto que éstos no les han fijado normas de conducta, ni les han encomendado la resolución de algún problema urgente …
No hay, pues - concluía MARTORELLO - partidos políticos en el país, salvo el Partido Socialista, que encarna y defiende intereses perfectamente definidos”. (12)
En ese año de 1917, también escribió El Maestro de Tránsito, en la colección La Novela Argentina. (13)
MARTORELLO falleció el 19 de febrero de 1926, “en el Sanatorio Santa María, de Cosquín, donde se hallaba internado desde hace tiempo. MARTORELLO fue un activo militante socialista de Rosario, que desempeñó la corresponsalía de La Vanguardia. El extinto, estudioso y trabajador, poseía dotes de inteligencia y afabilidad que le habían granjeado simpatías muy vastas y hondas. Era hermano de la señora Martorello de COSTA BAMBOLLINI, afiliada al Centro Socialista de la Sección 10ª de Rosario”, se dijo desde Buenos Aires. (14)
Desde la prensa socialista rosarina, se hizo saber que “de pronto, cuando menos lo esperábamos, se nos fue MARTORELLO. El dolor hacía tiempo que se ensañaba en su carne y en su alma, pero su espíritu varonil y clarividente lo mantuvo siempre erguido, con la sonrisa en los labios y la serenidad en la frente.
Hombre de gran cultura, elevado entendimiento y recia disciplina intelectual, no desmayó nunca a los embates arteros del mal que minaba su organismo. Alejado de su familia, de sus amigos y de sus faenas de crítico teatral, no dejó un momento de leer con regularidad y escribir para los diarios de nuestra ciudad. Abordaba cualquier tema con una plenitud de conocimiento y una elevación de miras propias de un intelectual que ha llevado a la perfección su instrumento dialéctico y logrado aquel grado de equilibrio que constituye el ideal de un escritor. En La Acción, aparecían continuamente ensayos y estudios suyos que se destacaban por la nitidez de la dicción, el estilo personalísimo, y la doctrina que los informaban.
La muerte de nuestro compañero no ha podido menos que apesadumbrarnos. Él era un valiente soldado en las filas de los hombres generosos que se prodigan sin tasa por elevar el nivel cultural de nuestro país. En su frente amplia y serena fulguraba siempre aquella luz que revela la presencia de un espíritu selecto y su palabra mesurada y precisa tenía la inflexión y la energía que denotan al hombre avezado al estudio, a la meditación y al cultivo del arte. Nosotros sentimos la pérdida del amigo, porque sabemos cuánto esfuerzo y cuánto dolor representa el grado de cultura que él había alcanzado. Poseedor de una sensibilidad privilegiada, de una imaginación fértil y de una capacidad de discernimiento poco común, era, a no dudar, una bella promesa para ésta nuestra ciudad cartaginesa, donde sólo se destacan los que ostentan una barriga ignominiosa y una cabeza atiborrada de ideas anacrónicas y de argucias inhumanas.
MARTORELLO está en el número de los que merecen nuestra admiración y nuestro recuerdo emocionado, porque él fue un soldado humilde que se dio día a día y hora tras hora a volcar granos de porvenir en los surcos del presente. Sobre su sepulcro sencillo brotarán a millares las celestes y rojas margaritas silvestres, simbolizando inconscientemente la pureza de su pensamiento y la generosidad varonil de su enorme corazón.
Como hombres que luchan por ensanchar los horizontes de las masas, alentados por una esperanza que se acrecienta en cada aspiración, tributamos a nuestro compañero y amigo estas pocas palabras sinceras y doloridas, porque hubiésemos deseado contarle por largos años entre los vivos y asistir admirados al crecimiento continuo de su vigorosa personalidad. Pero ya que la muerte a querido arrebatarlo, para sustraerlo al dolor y los desengaños que trae consigo la vida, nosotros no podemos más que inclinarnos contritos y ahondar en nuestro espíritu la huella de su recuerdo, deseosos de que siga viviendo a través de nuestros corazones”. (15)
(1) La Vanguardia, edición del 7 de julio de 1912.
(2) La Vanguardia, edición del 7 de octubre de 1913.
(3) La Vanguardia, edición del 27 de mayo de 1914.
(4) La Vanguardia, edición del 5 de mayo de 1914.
(5) La Vanguardia, edición del 10 de junio de 1914.
(6) La Vanguardia, edición del 25 de agosto de 1914.
(7) La Vanguardia, edición de 13 de septiembre de 1914.
(8) La Vanguardia, edición del 21 de octubre de 1914.
(9) La Vanguardia, edición del 29 de enero de 1916.
(10) La Vanguardia, edición del 7 de mayo de 1917.
(11) La Vanguardia, edición del 8 de mayo de 1917.
(12) La Vanguardia, edición del 9 de mayo de 1917
(13) La Vanguardia, edición del 13 de noviembre de 1918.
(14) La Vanguardia, edición del 21 de febrero de 1926.
(15) La Chispa, edición del 20 de marzo de 1926.
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