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Archivo - Biografías

Romero Domingo Bautista
Militante de
Venado Tuerto
CCE
12.125
Foto Nº
PS-0116-S
Día corrección
31-12-2008
Nota para la fotografía: "Domingo Bautista ROMERO con guillermo ESTEVEZ BOERO"

Único hijo del matrimonio procedente de Galicia (España) integrado por el socialista Silvestre ROMERO* y Purificación Rodríguez, nació en Capital Federal, el 9 de septiembre del ´20, radicándose la familia en Venado Tuerto en 1930, a raíz de la contratación del padre por parte de la Usina Eléctrica, cuando aún el adolescente Mingo cursaba la Escuela primaria. Sus estudios secundarios los realizó en el Colegio Comercial venadense que dirigía el profesor Manuel Manzano, ciudad en la que constituyó su hogar el 11 de octubre del ´47, con Amalia Luisa Jumélle, unión de la que nació Liliana Pura, siendo su única nieta Agostina, la pasión de sus últimos veinte años de vida.

* En el ejercicio 1955 de la Compañía de Servicios Públicos de Venado Tuerto SA, un consorcio constituido entre la Municipalidad y el vecindario para prestar el servicio de energía eléctrica, Silvestre integró el Directorio como Delegado Municipal. Desde el 31 de diciembre de ese año, “ha dejado de prestar servicio en nuestra Empresa D. Silvestre ROMERO, para acogerse a los beneficios de la jubilación. Este meritorio empleado se desempeñaba en el cargo (Jefe de Redes) desde el 1º de enero de 1934, habiendo participado anteriormente en las construcciones de las redes para nuestra Usina que realizara la firma C. Van Gelderen y Cía”. (Memoria y Balance General correspondiente al 25º Período cerrado el 31 de diciembre de 1955, de la Compañía de Servicios Públicos SA, Imprenta Rinaudo, Venado Tuerto, 1956)

Aquel año también ingresó al Banco de la Nación Argentina – Agencia Urquiza, de la Capital Federal, desde donde pasó temporariamente a la Junta Nacional de Granos, lugar en el que a pesar de haber sido jerarquizado y tener más de cien personas a su cargo, renunció para ser trasladado a inicios de la década del ´50 a la sucursal Venado Tuerto del BNA, donde fue cesanteado en la época de Frondizi por haber sido una de las cabezas visibles del movimiento gremial que promovió la prolongada huelga bancaria del ´59.

Ejemplo de honestidad y de contracción al trabajo, en las épocas malas se defendió como pudo, pero siempre trabajando y sin dejar nunca de promover iniciativas de concepción solidaria: así, fue desde barman en la sede del Club Atlético Jorge Newbery - del que había sido jugador de fútbol y básquetbol, ejerciendo todos los cargos de la Comisión Directiva, para terminar siendo su Presidente en oportunidad de festejar sus Bodas de Oro -, hasta ser el primer gerente de la Caja de Crédito de Venado Tuerto, y organizador, en el segundo semestre del ´60, de la Caja de Ahorro y Crédito de Santa Isabel, la que conjuntamente con sus similares de Carmen y Elortondo formó parte luego del Banco CES Cooperativo cuando la dictadura de Videla persiguió a las expresiones de la economía social.

A fines de los años ´50, algunos vecinos de Santa Isabel solicitaron la apertura de una sucursal del Banco Provincial de Santa Fe, y ante la negativa de la Institución, el 2 de julio del ´60 fundaron la Caja de Ahorro y Crédito, con el objeto de “conceder préstamos a sus asociados, fomentar el ahorro, promover y/o realizar la construcción de viviendas para sus asociados, y fomentar el adelanto industrial, económico, social y cultural de la población”.

“En ese tiempo comienza el auge de las Cajas de Crédito. Se había creado el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, y esta gente recorría los pueblos y ciudades entusiasmando a personas de ciertos conocimientos para ponerlas en marcha. La gente de Santa Isabel buscaba una persona que entendiera algo de temas financieros, y me hablaron a mí, que estaba sin trabajo” – recordó con el tiempo Mingo ROMERO –, institución que comenzó en febrero del ´61 “con unos $ 6.000 de esa época como capital, muy poco para ese tiempo. Una empresa financiera con ese dinero podía dar muy pocos préstamos, pero la evolución fue haciendo el resto y diez años después el ejercicio daba números extraordinarios”. (1)

“Al poco tiempo la Caja parecía una sucursal del Banco Nación por la forma en que la había planteado con mi experiencia bancaria. Tal es así, que vinieron de Elortondo y Carmen a aprender el funcionamiento; estuvieron unos días y después inauguraron sus respectivas Cajas. Santa Isabel fue precursora en la zona, ya que la única que estaba era la Caja de Crédito de Venado Tuerto. También se ayudó a organizar sus respectivas Cajas a Hughes, Sancti Spíritu y María Teresa, entre otras”. (2)

Mas el cumplimiento de sus responsabilidades laborales nunca le obstaculizaron su vocación para comprometer una intensa actividad de participación comunitaria. Así, fue socio vitalicio del Automóvil Club Argentino, e integró la Comisión Directiva local que, presidida por Atilio Almada, gestionó la adquisición de la Estación de Servicio de Seret y Cía., donde se instaló el ACA. Fue también Síndico Titular de la Cooperativa Eléctrica.

Como directivo de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, promovió el entendimiento con la Asociación Italiana para que entre ambas se adquiriera el Sanatorio Dr. Luis Chapuis, poniéndolo como Policlínico al servicio de la medicina social, emprendimiento ejemplar que no pudo resistir el embate neoliberal del menemismo en la década del ´90.

El deporte también lo observó como un destacado pelotaris de pelota a paleta, y fue fundador de Estrellas Ocultas, primera Peña de pelotaris del país, que se reunía habitualmente en el Jockey Club de Venado Tuerto, y que lo tuvo como asiduo asistente durante 55 años. Asimismo participó activa y desinteresadamente en la organización de las 24 famosas – en su momento – ediciones Vuelta de Santa Fe, competencia automovilística que durante años congregó a la multitud tuerca de la zona, como así también la no menos famosa Dos Océanos.

Producto de su trayectoria y representatividad, y a pedido de las Instituciones Intermedias, entre 1970/72 ejerció la Secretaría de Finanzas de la Municipalidad de Venado Tuerto, donde ROMERO demostró una vez más sus virtudes de hombre probo y honesto, debiéndose a su gestión la adquisición del predio donde luego se instaló el Parque Industrial; la realización del Velódromo; la Terminal de Ómnibus; y la Facultad Regional Venado Tuerto de la Universidad Tecnológica Nacional, entre otros logros importantes, como fue también la construcción de barrios.

A mediados de 1980, organizó la apertura de la Sucursal Venado Tuerto del Banco CES Cooperativo, de la que fue su primer Gerente, y constituyó la Mutual del Personal del Banco CES.

Fue el Socio Nº 1 de la Asociación Unión Criadores Roller (Canarios) Argentina, participando asimismo de la constitución de la Cooperativa de Seguros Vigor, de la que por varios períodos fue su Síndico Titular.

Fue Delegado en Venado Tuerto del Club Atlético Independiente, de Avellaneda, constituyendo la Peña Dale Rojo, donde periódicamente se citó la parcialidad de los diablos rojos.

Cuando a inicios del ´85 se acogió a los beneficios de la jubilación, el 31 de mayo de ese año “un nutrido grupo de comensales se dio cita en los Salones del Jockey Club de Venado Tuerto, para despedir a Domingo ROMERO al alejarse de la Gerencia de la Filial Venado Tuerto” del Banco CES Cooperativo, gesto que Mingo agradeció con una carta pública, en la que, entre otras cosas, afirmó que “hay hechos importantes dentro de la vida de cada individuo que se generan cuando los años marcan el parámetro para determinar el grado de enriquecimiento espiritual, facultado no sólo por las aspiraciones particulares, sino por la riqueza del medio y de los hombres con los cuales comparte. A mí, particularmente, me ha tocado vivir la maravillosa experiencia de cumplir un ciclo de actividad en el Banco CES, y es propicio manifestar, que dentro del movimiento cooperativo que de por sí lleva implícito un sello indiscutible de unidad y convergencia hacia un fin solidario a favor de las comunidades, pude enriquecerme con éste y otros valores, por los valores mismos de los Consejeros, artífices del movimiento que, en la parte humana, resumen la virtud de la humildad y el desinterés personal, convicción de acierto con proyección de futuro, enraizando un pequeño árbol que nutrieron con esfuerzo y respaldaron celosamente contra todo embate para que al fin lograra ser la madera noble que permite crecer y afianzar el objetivo del cooperativismo”. (3)

Mas la jubilación no implicó en absoluto interrumpir los lazos espirituales e ideológicos con la economía solidaria, y con el correr de los años, su palabra señera y orientadora evocaría aquellos ejemplos de gestión popular, recordando que uno de los más importantes proyectos de la Caja de Ahorro y Crédito de Santa Isabel, “fue el de la primera gran pavimentación del pueblo … La Caja le dio un préstamo a los frentistas para pagar la obra”, memorando que “un buen día, cerca de las 12, me llamó la esposa de un asociado, porque un abogado le quería sacar el auto que tenía: las cuotas de pago estaban atrasadas porque un intermediario le había retenido el dinero. Hice varios llamados; se reunieron algunos consejeros después del horario habitual de atención al público, cuando ya habíamos cerrado, y se resolvió otorgarle un crédito a esta persona. Ubiqué al abogado, le expliqué lo sucedido, y así salvamos la situación”. (4)

Con la sencillez de los ejemplos prácticos de los que vive la economía solidaria en la experiencia diaria, no vaciló en promover aquellas cooperativas, donde “en cada pueblo, los asociados integran un Consejo que controla el funcionamiento de la sucursal, y se hacen actos culturales o donaciones que otros bancos no hacen. Siempre destinan en sus balances dineros para las instituciones del bien del pueblo”“Cuando hay unidad y buenas intenciones en un pueblo, se pueden hacer grandes cosas, y hablo con conocimiento de causa porque viví el movimiento; cuando se hizo grande, me llamaban de todos lados. Nadie me comprometió nunca en nada de nada: no había intereses personales al llevar adelante esto”. Y para Domingo ROMERO, había más para rescatar de la solidaridad económica, y era la responsabilidad social en el cumplimiento de las obligaciones de los destinatarios de las ayudas económicas, que posibilitaría la continuidad de la ayuda mutua, lo que después de casi 20 años de experiencia en la solidaridad financiera, le permitió afirmar: “Tengo la satisfacción de nunca haber tenido que ejecutar a un vecino”. (5)

Y para que no queden dudas de hasta dónde para ser progresista hay que predicar con el ejemplo, llevando a la práctica los conceptos enaltecedores, Mingo hizo lo que pontificó: “Todos los días, durante 12 años, viajé de Venado Tuerto a Santa Isabel ... salía a las 7 de la mañana y volvía a las 7 de la tarde; llevaba comida de casa y al mediodía comía en el lugar de trabajo”. (6)

En la vida del PS, en distintas oportunidades asumió la responsabilidad de ser candidato: Desde 1958, como candidato a concejal venadense, hasta su última participación en las elecciones provinciales del 8 de septiembre del ´91 – primeras con Ley de Lemas –, en la que fue candidato a Senador Departamental por el PS (Honestidad, Trabajo y Eficiencia), obteniendo 4.143 votos, contra 44.986 del PJ (con 8 listas), 38.569 de la UCR (con tres listas), y 5.577 del PDP. También fue congresal provincial y nacional, y presidió el Centro Socialista local.

A pesar de haber sido un hombre con mucho reconocimiento público, falleció en Venado Tuerto, el 4 de noviembre de 2002, como los héroes anónimos: trabajando y cultivando el bajo perfil de los grandes hombres, que no necesitan ni mármol ni bronce para que el ejemplo de su conducta y sus obras iluminen el sendero de los que asumen con coraje el desafío de transitar la senda del progreso social comunitario.

(1) Acercar, Santa Isabel, Nº 26, edición del 5 de mayo de 2001.
(2) Acercar, Santa Isabel, Nº 26, edición del 5 de mayo de 2001.
(3) Boletín de la Comisión de Educación del Banco CES, Nº 3, Año 1985.
(4) Acercar, Santa Isabel, Nº 26, edición del 5 de mayo de 2001.
(5) Acercar, Santa Isabel, Nº 26, edición del 5 de mayo de 2001.
(6) Acercar, Santa Isabel, Nº 26, edición del 5 de mayo de 2001.

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