Según Plácido Grela (1), “el origen de la huelga de 1912 hay que buscarlo entre un número de agricultores de Firmat.
Podemos afirmar, sin ninguna duda, que los agricultores de Firmat fueron los precursores del gran movimiento agrario que luego se extendió por toda la República; los que colocaron las bases de una rebelión que conmovió a la sociedad argentina y estimuló las luchas de la liberación de los agricultores.
El 25 de junio de 1912 los agricultores de Alcorta declararon la huelga. En Firmat, los integrantes de la Sociedad Cosmopolita de Agricultores, seguían atentamente la marcha del acontecimiento que empezaba a conmover la vida campesina del Sur de Santa Fe.
Pero así como los firmatenses fueron los primeros en encender la mecha de la rebelión, también fueron casi los últimos en plegarse al movimiento. Sin embargo, esa actitud no merece reproches de ninguna naturaleza, ya que hay una verdad histórica que lo justifica.
Ellos, los agricultores de Firmat, habían fundado su propia organización (la Sociedad Cosmopolita de Agricultores) y consideraron ingenuamente que era posible solucionar los problemas por las vías legales correspondientes, sin recurrir a la violencia sindical.
Los dirigentes de Alcorta y Bigand, en cambio, dominados por un temperamento diferente, se dieron cuenta de que sólo mediante la fuerza gremial sería posible romper el cerco de hierro de los propietarios.
No obstante lo que venimos señalando, y a manera de título ilustrativo, diremos que la Sociedad Cosmopolita de Agricultores de Firmat, cuando tuvo noticias ciertas de que había estallado la huelga de Alcorta envió una delegación de colonos que se entrevistó con Francisco BULZANI, Francisco Caporalini, Luis Bó, Francisco PERUGGINI, De Biasse, Antonio Lucantoni y otros”.
Según Antonio Diecidúe, “un núcleo de agricultores de Firmat” (2) participó en la jornada del 25 de junio en Alcorta.
Para la primera semana de julio del ´12, los preparativos de la huelga que se realizaban en Firmat habían tenido tal organización, que la casi totalidad de los campos de la jurisdicción habían quedado abandonados: “Todo parece indicar que las mismas muestras de tranquilidad y cultura que han dado los colonos de Alcorta y de Bigand, serán dadas por los colonos de Firmat, que se reunirán el domingo 7, para escuchar la lectura de los proyectos de contratos confeccionados por las comisiones, y tomar en cuenta las proposiciones que pudieran hacer los propietarios”. (3)
La Capitaltranscribió un telegrama enviado por Oreste AGHEM, secretario de la comisión de huelga, informando de esos preparativos: “Firmat 3 – Hoy se efectuó una reunión de colonos. Se han nombrado comisiones por cada campo con el fin de hacer efectiva la huelga. Se mandarán a los propietarios las mismas condiciones de los de Alcorta. Reina mucho entusiasmo” (4). A las 48 horas, informó de otro telegrama: “Firmat 5 – Fueron enviadas las propuestas a los propietarios. Las comisiones pro huelga recolectaron la totalidad de las firmas de los colonos. El comercio se nos ha adherido moral y materialmente. El entusiasmo es indescriptible”. (5)
“El 4 de julio de 1912 marca una fecha histórica en los fastos de Firmat. Ese día empezó la huelga y no quedó un sólo agricultor sin plegarse a ella. En todas las chacras se habló del acontecimiento. El más alto y solidario espíritu de camaradería fue puesto en marcha por los chacareros.
También los pequeños propietarios hicieron causa común con los arrendatarios, y como económicamente estaban en situación más holgada, no escatimaron esfuerzos para proporcionarles dinero y alimentos a los huelguistas más afectados por la miseria”. (6)
Y llegó el día de la asamblea. Ese día, La Capital afirmó: “puede decirse que el movimiento huelguista agrario se encuentra en un período de pleno florecimiento e intensidad; pero, esta certeza, lejos de infundirnos sospechas pesimistas en cuanto pudiera referirse a una solución probable y pronta, nos afirma en la creencia de que el conflicto bien puede ser desenredado hoy más fácilmente que nunca, bastando para ello que los dueños de campos, pensando en sus reales manifestaciones el pro y el contra que para sus intereses representa el momento que atravesamos, adopten una actitud unánime ampliamente conciliatoria, y cuyo resultado inmediato sea suspender los efectos que el paro de los agricultores está ocasionando desde ya”. (7)
Asimismo decía con respecto a la asamblea en Firmat: “aunque son diversos los actos de reunión que se celebrarán hoy en los pueblos de varias importantes secciones agrícolas, es indudable que la asamblea que tendrá lugar en Firmat, tanto por la clase de elemento que la constituirán, cuanto por el gran número de delegaciones que asistirán a ella, será de verdadera trascendencia. No sólo tendrán representaciones en su seno los delegados de las colonias y pueblos adyacentes, sino también del norte de la provincia de Santa Fe, y de Córdoba, esperándose que de Pergamino y de Bahía Blanca asistan los presidentes de las comisiones de huelga respectivas”. (8)
Realizada la asamblea, La Vanguardia afirmó: “grandiosa y elocuente ha sido la asamblea celebrada el domingo 7 en Firmat por los colonos en huelga. Asistieron a esa reunión el Ministro de Agricultura de Santa Fe, Dr. Enrique Mosca, acompañado del Director de Estadística y Economía Rural del Ministerio de Agricultura, Sr. Emilio Lahitte, y de delegados de algunas sociedades de socorros mutuos de Rosario. Concurrió también a la asamblea el Dr. Francesco Netri que, como se sabe, es el abogado defensor de los colonos. Ésta se celebró en la Plaza Rivadavia de Firmat, en la cual se congregaron alrededor de 1.500 colonos.
El Sr. Enrique Gimeno, presidente de la comisión de huelga de la localidad, tomó la palabra para saludar a los concurrentes. Acto continuo el Sr. Ulpiano SÁNCHEZ, en un discurso perfectamente concebido, desarrolló las causas que motivaban el movimiento agrario actual, al propio tiempo que hacía de él una historia sucinta detallada”. (9)
La Capital coincidió en que el discurso de Ulpiano SÁNCHEZ estuvo “perfectamente concebido, con una notable serie de apreciaciones metódicamente desarrolladas y sustentadas, acerca de las causas generadoras de la situación agraria nacional”, por lo que lo reprodujo textualmente:
“Compañeros: en estos momentos de latente ansiedad, alzo mi voz insignificante para animaros, y al mismo tiempo, para haceros conocer algunas cosas cuyo alcance no ha llegado hasta vosotros.
Creo que ante todo debemos ser francos y veraces, y haciendo uso de esta franqueza, voy a entrar en algunas consideraciones encaminadas a descubrir la verdad de la situación para que todos en general, y vosotros en particular, la conozcáis y podáis daros cuenta de la justicia de nuestras peticiones.
No es una, sino muchas, las causas de la sofocante crisis que atravesamos en estos momentos. No es tampoco mi intención, en los momentos actuales, averiguarlas ni estudiarlas. Primero porque no me siento capaz para ello, y segundo porque su estudio y remedio corresponden a otra clase de personalidades más significativas, que a no dudarlo encontrarán alivio para superar éstas graves alteraciones del organismo agrícola.
Sin embargo, es a nosotros, en primer lugar, a quienes toca descubrirlas, y a esto debemos encaminar todos nuestros esfuerzos. Todos vosotros sabéis que en determinadas esferas se ha hecho y se sigue haciendo lo posible para desvirtuar las causas de esta protesta; ¿cómo?; vamos a verlo.
Al alzarse el primer grito de rebelión en Alcorta, numerosas personas, y especialmente corresponsales de la prensa, interrogaron a todos los que podían darles alguna luz acerca de las causas de este movimiento. Y se encontraron en presencia de dos opiniones distintas.
Primero la del comercio, que coincide en un todo con la nuestra, es decir, que la causa de nuestra situación angustiosa es, en primer lugar, el alto precio de la tierra, y en segundo lugar, las imposiciones de los propietarios y arrendatarios.
Segundo, la de los propietarios, que nos echan la culpa a nosotros mismos. ¿Quién tiene razón? ¿El comercio y nosotros, o los propietarios? Vamos a verlo.
Cuando los primeros agricultores clavaron los arados en esta fertilísima tierra, los productores argentinos no tenían apenas entrada en los diversos mercados mundiales. No se podían consumir dentro del territorio nacional, porque éste apenas contaba entonces con la mitad de sus actuales habitantes, y éstos en su inmensa mayoría, eran productores.
De esto se desprende que la oferta media de los productos tenían que ser, y era en efecto, inferior a la oferta media obtenida en el último quinquenio, que es precisamente, en el que se ha acentuado más la situación precaria a que hemos llegado.
En aquellos primeros años se labraron la inmensa mayoría de los grandes capitales con que hoy cuenta la economía argentina. Hoy, es decir, cuando el desarrollo agrícola y comercial de este gran pueblo ha llegado casi a su apogeo, ¿conocéis muchos agricultores que sin especular no solamente no se hagan ricos, sino que puedan vivir desahogadamente? ¿Cuál es la causa de esta anormalidad?
En segundo lugar nos encontramos con la opinión casi unánime de los propietarios: nosotros tenemos la culpa. Nosotros, por nuestras mismas manos nos hemos acarreado a la miseria. Veamos en qué se apoyan para hacer estas manifestaciones. Ellos dicen que muchos de nosotros, convertidos en competidores de nosotros mismos, hemos ofertado en muchas ocasiones, mayor precio de lo que pagaban en los campos los colonos ya establecidos. Este argumento es nulo, absolutamente nulo. Vamos a probarlo.
Deben saber todos ellos, que los primeros agricultores que se establecieron en la provincia de Santa Fe, lo hicieron en la proximidad de los centros de población y de los ríos. Primero, porque el hombre, por sencillo que sea, gusta de la sociedad; segundo, porque encontraban mayores facilidades para sus trabajos, y para la salida de sus cosechas.
He aquí la primera aglomeración; naturalmente los que allí encontraban medios de vida, enseguida hacían venir a sus amigos, y a su familia. Cobraban amor a la tierra que trabajaban, y de este modo se reunían todos en un mismo punto, fundando centros de población.
Es axiomático que hoy nada que sirva de elemento comercial, no esté sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, ley bien sencilla pero inexorable.
Cuando la oferta de un producto es mucha y la demanda es poca, el precio baja. Por el contrario, cuando la oferta es la misma o baja y la demanda es mucha, el precio sube. Esto es sencillamente lo que sucedió entonces; los agricultores que había aumentaban progresivamente, siempre en mayor proporción que las ofertas de tierras para la explotación, y los precios subieron.
Se extendieron las líneas de ferrocarriles. Los dueños de campo lanzaron a la explotación nuevas tierras, más baratas, que las anteriores. Se volvió a repetir el mismo fenómeno. Multitud de colonos de las tierras viejas fueron a ocupar las nuevas. ¿creéis que por esto abarataron aquellas? No. Los propietarios sostuvieron los últimos precios a toda costa.
Esta progresión se repitió hasta el infinito. Y aún hoy día se observan con la misma regularidad: cuanto más cercanos a la costa y a los grandes centros de población, más caros los alquileres. Se nos dirá que aquellas son tierras más ricas, que los transportes son más baratos, que tienen razón de ser más caras que éstas: es verdad.
Pero aquí viene lo más importante de la cuestión. ¿Porque si aquellas tierras están beneficiadas sobre éstas en un 10% de alquiler, no aumenta en esa proporción sino en más del doble? ¿Porque si estas tierras tienen un 10% de desventajas sobre aquellas, se nos cobran alquileres que no alcanzan al 4,5% de diferencia? ¿No se ve en esto, claro y palpable, un afán inmoderado de especulación egoísta? ¿Porque cuando los propietarios se han encontrado con un colono que no ha podido pagarle, no sólo no le dan facilidades bajándole el precio de la tierra para que pueda pagar, sino que le amenazan con el embargo, o con el desalojo, o le cobran en muchos casos un interés que oscila entre un 8 y ¡pasmáos! un 12%?
¿Por qué le retiran los certificados de los caballos? ¿Por qué le obligan a trillar con la máquina de ellos, y venderles el cereal a ellos? ¿Y comprarles la semilla a ellos? Todo a precios caprichosos.
Si nos dicen que somos dueños de aceptar o no sus condiciones, les contestaremos que ni eso siquiera. Ni la libertad moral nos queda. Porque cuando a un hombre con siete u ocho de familia el comercio le cierra sus créditos, o tiene que abandonar su chacra por una mala cosecha, sabe que no puede vivir haciendo de peón, porque los hijos ajenos estorban a todo el mundo, y no puede con su trabajo, costearse el gasto de su familia en el pueblo. Si es preciso que pase por esas y otras mayores humillaciones, pasarían con tal de asegurarse un techo donde guarecer a su familia ¿Quién tiene la culpa, chacareros? ¿Ellos, o nosotros?
Por otra parte, el colono acepta siempre estas condiciones porque vive con la ilusión de que una buena cosecha, que nunca llega, le saque de su difícil situación. Ilusión que se comprende en personas de poca ilustración, y por sus conocimientos son casi nulos en la marcha comercial agrícola, pero que no tiene razón de ser en los propietarios.
Ellos saben muy bien que en las condiciones que tienen a sus colonos, éstos no podrán nunca desenvolverse mientras ellos acumulan ganancias sobre ganancias poniendo a los colonos, cuando llegan a comprender su situación, en el triste caso de fugarse de noche de las tierras que han regado con su sangre como si fueran malhechores.
La única defensa que nos quedaba era esta: protestar todos unidos. Hacer valer nuestro derecho a la vida, y hacer que de esta manera, el grito unánime de todos nosotros, les haga volver a la realidad, y despierten en sus conciencias, ese movimiento de justicia de que no está exento ningún ser, al comprender la razón de sus semejantes.
Así pues, debemos encaminar todas nuestras energías a conseguir lo que deseamos, pues creo que al ánimo de todos habrá llegado el convencimiento de que los principales factores de la crisis porque atravesamos son el encarecimiento excesivo de la tierra, y lo injusto de sus imposiciones en los contratos.
La mayor fuerza que debemos tener en este caso, es la justicia de nuestras peticiones ¡Ánimo, pues, compañeros! ¡Adelante, y no olvidéis que el triunfo de nuestra causa, es el triunfo de la verdad y de la justicia!”. (10)
Luego de este meduloso y sentido discurso, “hizo uso de la palabra el Dr. Francesco Netri, exponiendo las necesidades y miserias por las que atravesaba el colono, y señalando a los poderes públicos la urgencia y necesidad de dotarlos de los elementos más necesarios para su desenvolvimiento, dada la precaria situación en que se hallaban. Expuso también los proyectos de contrato al igual de los aprobados en Bigand”. (11)
El periodista C. Villalobos finalizó con este elocuentísimo párrafo la cobertura de la asamblea para Caras y Caretas: “Hay un detalle digno de mención, señalado por Ulpiano SÁNCHEZ. Cuando un chacarero se encuentra pobre, si es padre de familia, no tiene más remedio que seguir trampeando, cada vez en peores condiciones, pues no le queda el recurso de colocarse de peón. En ninguna chacra se admite un peón con hijos. Puede admitirse que tener familia sea un obstáculo para encontrar casa en Buenos Aires; pero es intolerable que también sea un castigo en estos campos inmensos y fértiles, que pedirían población a gritos, si los campos gritaran. Así es de absurda y embrionaria todavía nuestra organización agrícola”. (12)
La asamblea resolvió hacer suyas las condiciones de trabajo aprobadas por los agricultores de Alcorta, de las que informarían a los propietarios. Si éstos no las aceptaban, continuaría el movimiento de fuerza. La asamblea designó comisiones para que recorriesen los campos de las distintas colonias, y por unanimidad, designó la comisión de huelga integrada por Domingo Tumini como presidente; Francisco Dezeta, vicepresidente; Oreste AGHEM, secretario; Rafael Giarrocco prosecretario; Nazareno Pizzi, tesorero; y como vocales Tomás Comba, Juan Falistocco, José Rodini y Arístides Renzi.
Al año siguiente (1913), SÁNCHEZ fue corresponsal de La Vanguardia en Firmat. (13)
(1) Grela Plácido: El Grito de Alcorta - Historia de la Rebelión Campesina, Ed. Tierra Nuestra, Rosario, 1958.
(2) Diecidúe Antonio: Apuntes inéditos, en poder de la FAA.
(3) La Vanguardia, edición del 4 de julio de 1912.
(4) La Capital, edición del 4 de julio de 1912.
(5) La Capital, edición del 6 de julio de 1912.
(6) Grela Plácido: El Grito de Alcorta - Historia de la Rebelión Campesina, Ed. Tierra Nuestra, Rosario, 1958.
(7) La Capital, edición del 7 de julio de 1912.
(8) La Capital, edición del 7 de julio de 1912.
(9) La Vanguardia, edición del 10 de julio de 1912.
(10) La Capital, edición del 8 de julio de 1912.
(11) La Vanguardia, edición del 10 de julio de 1912.
(12) Caras y Caretas, edición del 13 de julio de 1912.
(13) La Vanguardia, edición del 11 de junio de 1913.
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