José TREVIÑO DÍAZ nació en Alora, Andalucía, donde fue maestro rural primero, y luego periodista político en Málaga. Tras radicarse brevemente en diversos países, en 1913 se asentó definitivamente en nuestro país, primeramente en Buenos Aires, donde fue reportero gráfico de La Montaña, diario fundado por José INGENIEROS, y luego en Quilmes, donde además de “publicar periódicos e impulsar un movimiento de defensa vecinal, al tiempo que actuó en el PS” (1), intervino activamente en la construcción de la Casa del Pueblo, en Humberto 1º Nº 75.
Fue “Inspector* de Centros Socialistas del Partido Socialista y corresponsal viajero de La Vanguardia, trabajo que comenzó a hacer el Partido a instancias de Mario BRAVO”. (2)
* El mismo cargo ejerció en 1936 Domingo Valentín BESASSO.
Finalmente, a inicios de la década del ´30 se radicó en Rosario, en el Barrio Pichincha, al que le escribió el libro …, donde trabajó como guarda de tranvía, y fue dirigente gremial del sindicato tranviario, hasta que instaló una imprenta de la que vivía su familia.
Formó familia con la andaluza de Pozo Blanco, Manuela Carrasco, unión de la que nacieron Antonio (nacido en 1918, y casado con Virginia Ghioldi - hermana de Rubén y Norma, cuya hija Susana Treviño Ghioldi trabaja en Empleados de Comercio - ) y José Benigno (nacido en Buenos Aires, el 8 de diciembre de 1922, y casado con Carmen Rivarola).
La revolución del 4 de junio del ´43, que había tenido el “propósito fundamental de derrocar un gobierno de vergüenza que se había entronizado en el poder por el fraude, y que pretendía mantenerse y aún prolongarse en él por los mismos medios”, se desmadraba y disolvía por decreto a los partidos políticos, además de iniciar una serie de acciones de clara connotación fascista y persecución política, por lo que los socialistas santafesinos exhortaron “a las agrupaciones de filiación democrática, a las asociaciones obreras y estudiantiles a intensificar las tareas para la inmediata constitución de una amplia unidad democrática que facilite el retorno a la normalidad constitucional”, lo que electoralmente confluyó en la Unión Democrática, manifestación aquella que además de contar con la firma de TREVIÑO, fue suscripta por Ceferino CAMPOS, Isidro OLIVER, José ROSSI, Froilán LUDUEÑA, Amadeo F. BIGNAMI, José BIGNAMI, Narciso A. GNOATTO, José BRAILOVSKY, Rinaldo E. LUCCHINI, Pablo F. VISCONTI, Luis Mario LOZZIA, Alfredo ROSSI, Jaime ANTOLÍ, Santiago BLANCHETTI, Emilio EYRAS, Enrique SERENELLI, y Francisco BODETTO. (3)
Fue uno de los redactores de Acción Socialista, Órgano Juvenil del Partido de la Clase Trabajadora, aparecido en Rosario en enero de 1946.
Falleció en Rosario, el 15 de noviembre de 1966. Desde la prensa socialista se destacó al militante que “llegó joven a nuestro país y, sin embargo, incluyendo en su haber el bagaje de activas luchas por el socialismo cumplidas en la Península. Le recordamos todavía en una de las conferencias que pronunció allá por el ´45, en Rosario, ante un auditorio compuesto casi exclusivamente de jóvenes socialistas. Su relato fiel y cautivante a un tiempo, había atrapado la atención del joven auditorio con un vívido balance de las luchas partidarias en el medio gremial, en las huelgas obreras, en la brega periodística, y en la clandestinidad. Su presencia había llegado a ser tradicional en los actos del Partido. Aún le estamos viendo - hace menos de diez años - en el Congreso de 1958, el de la escisión, celebrado en el salón del Centro Asturiano, cuando apoyado en su bastón, tocado con una boina y valido de su palabra clara y enseñante, andaba resueltamente de un lado a otro pugnando por hacer penetrar su verdad a los más confundidos. Sin grandes pujas doctrinarias, pero armado de una gran sentido común, TREVIÑO no veía ni concebía otro socialismo que el que estaba al servicio de la Libertad y de la Democracia, y de ellas se nutre y a través de ellas se expresa, crece, se enriquece y se expande.
Desde muy joven se había caracterizado por sus inquietudes intelectuales, que de a poco dieron tono y contenido a su palabra, enmarcada siempre en una línea de activa militancia.
Con los años, sus amigos y compañeros habrían de descubrirle - y aplaudirle - otro aspecto de su vena creadora. Era un artista, en el dibujo y en el grabado. Más de una vez La Vanguardia engalanó sus páginas con una obra de TREVIÑO. No era ésta producto de la mera afición o del simple pasatiempo. La crítica y los expertos elogiaron sus trabajos, expuestos muchas veces en la Sociedad Argentina de Artes Plásticas. ¿Cuántas de nuestros lectores no recibieron alguna vez, a guisa de saludo, el más preciado, un grabado de Treviño?
Autodidacta cabal, su afán de comunicación, nunca satisfecho, le llevó a aprender la lengua inglesa, la que le facilitó la lectura de la prensa británica y norteamericana y el acceso a no pocas obras de significación, inéditas en nuestro idioma. Hombre culto, de lecturas fundamentales, devoto de libros, en sus postreros días tuvo ánimo suficiente, sin embargo, para solicitar la colocación - en la cabecera de su lecho de enfermo - de una luz especial que ensanchara su ya estrecho campo visual.
No por esperada, la muerte de TREVIÑO dejó de conmover. A sus amigos de siempre, a los más jóvenes, e incluso a sus adversarios políticos, que los tuvo a medida de su capacidad. La prensa rosarina dedicó amplias notas recordatorias al extinto, poniendo de relieve los aspectos más salientes de su personalidad y de su activo quehacer político y gremial”. (4)
En el acto de inhumación hablaron Francisco La Meza, por la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos; Fernando CECCARELLI, por el PS, y el señor J. Rodríguez, por sus amigos. CECCARELLI afirmó que “con TREVIÑO, se va un pedazo de nuestra vida. Él representaba esa generación de socialistas que, llevados por ese ideal de justicia, libertad y democracia, fundaban Centros y Bibliotecas en nuestro país; fundaban y dirigían sindicatos obreros; fundaban y dirigían periódicos de ideas y, llevados siempre en su lucha por un mundo mejor, tenían tiempo y energía para el embellecimiento de su espíritu”. (5)
“Hombre de un carácter jovial, propenso a la amistad y a la conducta solidaria, Don José TREVIÑO era muy estimado por quienes lo trataron y pudieron aprender sus bellas dotes personales”. (6)
(1) La Capital, edición del 16 de noviembre de 1966.
(2) Relatos de José Benigno Treviño, Buenos Aires, octubre de 2005.
(3) La Vanguardia, edición del 10 de abril de 1945.
(4) La Vanguardia, edición del 23 de noviembre de 1966.
(5) La Vanguardia, edición del 23 de noviembre de 1966.
(6) La Capital, edición del 16 de noviembre de 1966.
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